LA INCULTURACION EN AFRICA
Y "AFRICAE MUNUS"
Juan Manuel Pérez Charlín*
Sociedad de Misioneros de África

INTRODUCCION

En el continente africano, como en los otros continentes, las culturas han sido siempre importantes porque son la expresión de lo que los pueblos son y viven; lo positivo e interesante de África es que es donde se han conservado el mayor número de culturas originales; de ahí su importancia para realizar un buen proceso de inculturación.

Es a partir de 1970, con el Sínodo sobre la Evangelización, cuando la Iglesia africana comenzó a prestar mayor atención a este fenómeno, sobre todo en el dominio de la liturgia. Es verdad que con la llegada de nuevos teólogos africanos, los sectores de inculturación se han ido ampliando de manera que la africanidad de la expresión de la fe cristiana se ha ido instalando poco a poco en las iglesias locales y enriqueciendo la manera particular de los africanos para decir no solo su fe, sino también su manera de vivirla en lo cotidiano.

Fuera del continente, son muy poco conocidas estas riquezas de la Iglesia africana; por eso mi intención en este artículo es presentar ciertas acciones realizadas por comunidades cristianas africanas que muestran cómo entienden y manifiestan su fe a través de sus compromisos concretos en la sociedad africana actual, caracterizada por sus muchos retos sociales y religiosos. No olvidaré mostrar las experiencias sobre inculturación litúrgica, pero sobre todo presentaré los esfuerzos actuales por tratar de vivir y de decir la fe en Cristo Vivo y Resucitado, en situaciones nuevas y difíciles que exigen fidelidad a los fundamentos de la fe cristiana y fidelidad a los valores de la cultura africana. Quizá algún lector pensará que no son exactamente procesos de inculturación, pero creo que desde el momento en que una comunidad cristiana intenta decir su fe a través de actitudes concretas, esa comunidad esta evangelizando, es decir, está diciendo y viviendo los valores evangélicos en medio de su universo cultural y a partir de su identidad propia.
 
* Juan Manuel Pérez Charlín es misionero de la Sociedad de misioneros de África (padres blancos). Ha vivido en Burkina Fasso, antiguo Alto Volta en la pastoral de primera evangelización y en los últimos años ha estado en la formación de seminaristas. Ha sido profesor de la Escuela de Formación Misionera de Madrid
En el Sínodo sobre la Evangelización, los obispos de África reclamaron con toda energía que en el proceso de evangelización se respetasen la culturas de sus pueblos. "Para que esos pueblos abracen el evangelio, decían aquellos obispos, no es necesario obligarles a perder su africanidad característica". Era una manera de decir que la evangelización debe tener en cuenta la vida y situación de las personas y los pueblos porque es en esa vida donde se descubren 'las simientes del Verbo' y donde se pueden sembrar nuevas semillas evangélicas que aporten savia nueva a la vida de los creyentes, así como a las sociedades en las que viven.

La Exhortación Africae Munus no trata, tan intensamente como Ecclesia in Africa, el tema de la inculturación; no lo olvida sino que señala su importancia, pero en el contexto de dicha exhortación que está centrada en la Iglesia en África al servicio de la Reconciliación, la Justicia y la Paz. Es en este sentido que me parece interesante señalar la relación existente entre Inculturación y Africae Munus, al mostrar cómo en la Iglesia africana se está realizando una inculturación de estos temas tan importantes para el continente.

PRIMERA PARTE

1.1 La Inculturación
La Inculturación es un proceso en el que hay dos grandes protagonistas : la cultura en la que viven las personas y el mensaje del evangelio. Es un ejercicio más o menos fácil de explicar, pero que es algo más complicado de practicar. Existe el peligro de considerar que la inculturación es un proceso que se realiza especialmente en el ámbito de la liturgia, y es verdad, pero no podemos olvidar que lo esencial del proceso de inculturación es que la luz del evangelio llegue a todos los elementos de la cultura, y en especial a la vida del creyente, transformándola, porque es así como se hace visible la acción del espíritu evangélico. Cuando una comunidad cristiana consigue hacer pasar la luz y el mensaje del evangelio en sus actitudes, acciones y compromisos cotidianos, y colorea el mensaje recibido dándole un sabor particular, el de su universo cultural, entonces podemos decir que, en verdad, el evangelio y la cultura de esa comunidad se han encontrado, poniendo en marcha el proceso de inculturación.

Los documentos del Magisterio han explicado el concepto de Inculturación desde un doble movimiento; por un lado, la encarnación del mensaje evangélico en las diferentes culturas; de otro, el hecho de acoger a los pueblos en su seno hace que la Iglesia universal  asume también sus culturas. En el primer movimiento, los valores evangélicos fecundan la riqueza contenida en dichas culturas propiciando el surgir de nuevas y originales expresiones. Por el segundo, las costumbres de los diferentes pueblos contribuyen a una mejor expresión y comprensión del Evangelio. Por esto mismo, debe quedar claro, afirma el Magisterio, "que en ningún momento la Iglesia exige que un pueblo abandone algún elemento de su cultura por causa de su adhesión al mensaje revelado"; si bien, recalca igualmente, es necesario un discernimiento a la luz del mensaje cristiano. En este sentido, me parece muy esclarecedora la definición que da el padre Pedro Arrupe, el que fuera Prepósito General de los jesuitas. Dice Arrupe que "la inculturación es la encarnación de la vida y del mensaje cristiano en un determinado contexto cultural, de tal forma que esta experiencia no sólo encuentra expresión a través de los elementos propios de la cultura en cuestión (esto sería una adaptación superficial), sino que también se convierte en un principio que anima, dirige y unifica la cultura transformándola y rehaciéndola como si surgiese una nueva creación".

1.2 La Inculturación en África

Durante años, la Iglesia africana ha dado prioridad a la inculturación litúrgica; buena prueba de ello son las celebraciones eucarísticas llenas de vida, ritmo, color y simbolismos que conocemos todos los que de una manera u otra hemos vivido la experiencia africana, o como los vividos en la eucaristía de apertura del Sínodo para África de 1994 que por celebrarse en la basílica de San Pedro de Roma llego a todos los rincones del mundo y que a muchos sorprendió gratamente. Pero además está todo el esfuerzo que realizan las Iglesias locales africanas para hacer llegar a las comunidades la Palabra de Dios en las numerosas lenguas que se hablan a lo largo y ancho del continente, el interés por mejorar los textos y las traducciones hechas por los misioneros y las nuevas expresiones de una fe inculturada en un mundo cultural que no es el occidental.  
La Iglesia africana considera que la inculturación es una prioridad, es decir, que es preciso continuar el proceso por el que la fe cristiana se encarna en la cultura africana. La razón está en el hecho de que la inculturación tiene su raíz en la encarnación del Verbo de Dios; dado que esta fue real y concreta, la encarnación del Hijo de Dios ha sido una encarnación cultural. Si "el Verbo de Dios se hizo carne y habitó entre nosotros" (Jn. 1,14), del mismo modo, es necesario que la Palabra de Dios se encarne para ser anunciada y proclamada a los africanos y africanas de hoy. Así como la humanidad de Cristo fue el condicionamiento histórico del Verbo de Dios, de igual forma, la Palabra de Dios y la Eucaristía deben pasar por el condicionamiento histórico del contexto humano. "Una fe que no se hace cultura, es una fe que no ha sido plenamente acogida, enteramente pensada, ni fielmente vivida", decía el nuevo santo Juan Pablo II.

1.3 Inculturación y vida cotidiana    

En lo referente a la Inculturación quisiera llamar la atención sobre un fenómeno que se está dando en los últimos años en varios países africanos. Sin olvidar que en muchas comunidades se está promoviendo una buena inculturación litúrgica e incluso teológica, se está poniendo de manifiesto otra inculturación que es un signo de la madurez progresiva de las comunidades cristianas africanas. Es la inculturación vivida en la vida cotidiana a partir de la realidad de un continente en el que las relaciones interculturales e interreligiosas son continuas y, por ello, importantes. Esa experiencia de vida está siendo leída y traducida por ciertas Iglesias africanas como un lugar teológico en el que Dios se manifiesta y hace signos de su presencia a la que es preciso responder desde la cotidianidad creyente. Sin olvidar que, como dice la encíclica Redemptoris Missio, "el diálogo interreligioso forma parte de la misión evangelizadora de la Iglesia"(RM 55).

SEGUNDA PARTE

2.1 La Exhortación Africae Munus

El 19 de noviembre del 2011, el papa emérito Benedicto XVI firmaba, en la ciudad africana de Uidah (Benín), la Exhortación apostólica postsinodal "AFRICAE MUNUS" (El compromiso de África) sobre la Iglesia en África al servicio de la Reconciliación, la Justicia y la Paz. El documento que tiene 177 apartados, consta de una introducción, dos partes y la conclusión.Benedicto XVI,  que entregó dicha exhortación a los obispos africanos como síntesis de las 57 propuestas del Sínodo de Obispos sobre África celebrado en 2009, declaró que el documento debía leerse en continuidad con la Exhortación "Ecclesia in Africa" publicada en 1995 por Juan Pablo II tras la primera Asamblea de los Obispos para África.

A muchos sorprendió que tan solo 15 años después de dicha Asamblea para África, Benedicto XVI decidiera convocar una segunda. La razón que dio el papa emérito fue que: "Convenía, al final del primer decenio de este tercer milenio, que se avivaran nuestra fe y nuestra esperanza para contribuir a construir una África reconciliada, por los caminos de la verdad y de la justicia, del amor y de la paz" (Africae Munus 2).  Así pues, el deseo intimo de Benedicto XVI era: avivar la fe y la esperanza para contribuir a construir una África reconciliada. Unas líneas más adelante el obispo de Roma responsabiliza a las Iglesias locales africanas para poner en marcha dicha construcción: "El Sínodo ha permitido discernir las líneas maestras de la misión para un África que desea la reconciliación, la justicia y la paz. Depende de las iglesias particulares traducir estas líneas en 'fervientes propósitos y en líneas de acción concretas'.  En efecto, en las Iglesias particulares es donde se pueden establecer aquellas indicaciones programáticas concretas – objetivos y métodos de trabajo, de formación y valorización de los agentes y la búsqueda de los medios necesarios – que permiten que el anuncio de Cristo llegue a las personas, modele las comunidades e incida profundamente mediante el testimonio de los evangélicos en la sociedad y en la cultura africana."(AM 14)
Lo que el papa Benedicto XVI quiere es que las Iglesias africanas lleven a Cristo a las personas, que modelen las comunidades, y que se influya en la sociedad y la cultura africanas, por el testimonio de los valores evangélicos, para conseguir una África pacificada y próspera.  Para ello, sugiere que sea con la Reconciliación, para responder a la necesidad de superar los efectos de la corrupción, de los crímenes de índole tribal, de las guerras civiles, de las violaciones de los derechos humanos  que a  menudo padece el continente africano. “Para llegar a ser efectiva, esta reconciliación deberá ir acompañada de un gesto valiente y honrado: buscar a los responsables de esos conflictos, a los que han ordenado los crímenes y se han entregado a toda clase de componendas, determinando su responsabilidad. Las víctimas tienen derecho a la verdad y a la justicia.”(AM 21)  

Para Benedicto XVI "La paz de los hombres conseguida sin la justicia es ilusoria y efímera. La justicia de los hombres que no brote de la reconciliación por la 'verdad del amor'(Ef. 4,15) queda inacabada; no es auténtica justicia. El amor de la verdad, a la que sólo el Espíritu puede llevarnos, es el que traza el camino que toda justicia humana ha de seguir para conseguir restaurar los lazos fraternos en la familia humana, comunidad de paz reconciliada con Dios por Cristo. La justicia no es algo desencarnado. Hunde necesariamente sus raíces en la coherencia humana. Una caridad que no respete la justicia y el derecho de todos, es errónea. Animo a los cristianos, pues, a ser ejemplares en lo que toca a la justicia y la caridad."(AM 18)
Al final de la exhortación, Benedicto XVI insiste de nuevo en la continua relación entre reconciliación, justicia y paz: "La reconciliación es la condición indispensable para instaurar en África relaciones de justicia entre los hombres y para construir una paz justa y duradera en el respeto de cada individuo y de cada pueblo; una paz que se abre a la aportación de todas las personas de buena voluntad más allá de sus respectivas pertenencias religiosas, étnicas, lingüísticas, culturales y sociales". (AM 174)

Benedicto XVI, recogiendo las palabras de los Padres sinodales, reconoce que la reconciliación, la justicia y la paz no serán posibles más que si los cristianos escriben el evangelio del amor y de la vida en letras de compromiso y de testimonio cotidianos, incluso con el martirio (AM 34). En el fondo, el Papa emérito confía a las Iglesias africanas un cuadro exigente y exaltante por un testimonio cristiano a la estatura de Cristo; les está pidiendo un esfuerzo de inculturación porque uno de los mayores desafíos que tiene la Iglesia en África es el de afrontar el crecimiento  de comunidades no católicas autóctonas que con frecuencia se derivan de iglesias y comunidades eclesiales cristianas que adoptan aspectos de las culturas tradicionales africanas. Y también de movimientos sincretistas y sectas que “explotan la credulidad y ofrecen un respaldo religioso a creencias religiosas multiformes y heterodoxas no cristianas. Destruyen la paz de los cónyuges y sus familias a causa de falsas profecías y visiones”. La respuesta deberá ser “evangelizar en profundidad el alma africana”(AM 90,91).
En África, la Iglesia convive con las Religiones Tradicionales Africanas, de las que provienen la mayoría de los cristianos. Estas religiones hacen referencia a los antepasados y a una forma de mediación entre el hombre y la Inmanencia. Africae Munus propugna que se llegue a “la necesaria distinción entre lo cultural y lo cultual, descartando los elementos mágicos”. Reconoce que “el problema de la ‘doble pertenencia’ al cristianismo y a estas religiones sigue siendo un desafío”.(AM 92)
En cuanto al diálogo con el Islam, la Exhortación constata que en el continente se viven situaciones muy diversas.  El papa anima a mantener la estima hacia los musulmanes y a “trabajar juntos para impedir toda forma de discriminación, intolerancia y fundamentalismo confesional”. Invita a buscar, "mediante un diálogo paciente con los musulmanes, el reconocimiento jurídico y práctico de la libertad religiosa, de modo que todo ciudadano disfrute en África, no sólo del derecho a elegir libremente su religión y a practicar su culto, sino también del derecho a la libertad de conciencia”.(AM 94,95)

2.2 Comentario de la "AFRICAE MUNUS"

Expertos africanos señalan que la Exhortación papal sigue un esquema que no es el clásico de "ver-juzgar-actuar", sino el de "visión-misión-acción pastoral". La Visión está desarrollada en la introducción de la exhortación (nº1 al 13). Al contrario que en "Ecclesia in Africa", aquí se hace una presentación más positiva del continente: "Un valioso tesoro está presente en el alma de África, donde veo un inmenso pulmón espiritual para una humanidad que se haya en crisis de fe y de esperanza". Es una África curada de sus heridas y parálisis que está invitada a levantarse, a coger su camilla y a echar a andar (Jn5,8). Creo que es una visión esperanzadora de la realidad del continente: sin negar lo oscuro y doloroso de la vida cotidiana de los africanos, se defienden los derechos de los refugiados y desplazados, se anima a que la Iglesia siga dialogando con los fieles de la Religión Tradicional y del Islam, a pesar de las dificultades; se invita a seguir por el camino de la inculturación; se clama contra la destrucción del medio ambiente por parte de compañías extranjeras; se pide que se respeten los derechos de la mujer, de los niños, de los no-nacidos, de los prisioneros, etc.


La Misión se presenta en la primera parte de la Exhortación (nº14 al 96) y lleva como título "Ahora hago nuevas todas las cosas". El papa explica que "El Sínodo ha permitido discernir las líneas maestras de la misión para un África que desea la reconciliación, la justicia y la paz. Depende de las iglesias particulares traducir estas líneas en fervientes propósitos y en líneas de acción concretas que permitan que el anuncio de Cristo llegue a las personas, modele las comunidades e incida profundamente mediante el testimonio de los valores evangélicos en la sociedad y en la cultura africana"(AM 14).
La Acción pastoral está consignada en la segunda parte del documento (nº97 al 171) titulada: "Actuar bajo la acción transformadora del Espíritu Santo". Su fin es la realización de la Visión de Jesús que será realizada según los dones que el Espíritu da a cada miembro de la Iglesia a lo largo y ancho del continente, "de manera que muestre como se vive, en fidelidad a Jesucristo, la unidad en la diversidad" (AM 97).

2.3 La Inculturación en "AFRICAE MUNUS"  

Los números 36 a 38 de la Exhortación llevan como título "Inculturación del evangelio y evangelización de la cultura". En ellos, se invita a continuar estudiando exhaustivamente las tradiciones culturales africanas ya que los Padres sinodales "han constatado la existencia de una dicotomía entre ciertas prácticas tradicionales de las culturas africanas y las exigencias especificas del mensaje de Cristo. La preocupación por la relevancia y la credibilidad exige de la Iglesia un profundo discernimiento con vistas a identificar los aspectos culturales que obstaculizan la encarnación de los valores del Evangelio, así como los que los promueven" (AM 36). Dice la Exhortación que "El problema de la 'doble pertenencia' al cristianismo y a las religiones tradicionales sigue siendo un desafío. Para la Iglesia en África, es necesario guiar a las personas a descubrir la plenitud de los valores del Evangelio con la catequesis y una profunda inculturación".(AM 93)

TERCERA PARTE

3.1 Inculturación litúrgica

Los granos que siembra la Exhortación producirán sus frutos. Pero ahora quizá podamos gustar y contemplar algunos de sus brotes. En primer lugar voy a presentar unas experiencias de la inculturación más importante y conseguida en las comunidades africanas, la inculturación litúrgica y teológica. La litúrgica en la R.D. del Congo y la teológica en Benín.
RD DEL CONGO. La Conferencia Episcopal del Congo, en su visita 'ad limina Apostolorum' de 1983, "considera la inculturación como una opción pastoral que sostiene a las demás y les sirve de fondo". Afirma también que el Congo no será cristiano mientras no asimile el cristianismo, mientras no pueda pensar y expresar en lenguaje africano su experiencia de Cristo (doctrina y vida). Esta africanización del cristianismo se debe dar a todos los niveles: expresión teológica del mensaje, africanización de las estructuras de gobierno y del ejercicio de la autoridad, géneros literarios africanos en la predicación y oratoria sagrada, expresión y simbolismo africanos en la liturgia, búsqueda de los valores, la solidaridad, el compartir, la vida comunitaria, la hospitalidad, entre otros, en el modo de vivir de la Iglesia congoleña y en las manifestaciones colectivas de la fe".
La Inculturación es para la Iglesia católica africana una cuestión de fidelidad a la tradición bíblica y eclesiástica, magistralmente presentada en la instrucción "Ad Gentes" del Concilio Vaticano II: "Es necesario que en cada gran territorio socio-cultural se promueve aquella consideración teológica que someta a nueva investigación, a la luz de la Tradición de la Iglesia Universal, los hechos y palabras reveladas por Dios, consignadas en la Sagrada Escritura y explicadas por los Padres y el Magisterio de la Iglesia (AG 22).

A partir de estas consideraciones, y otras semejantes, varias Iglesias locales africanas se lanzaron en los años setenta del siglo pasado a trazar y practicar caminos de inculturación. Una de ellas fue la Iglesia Católica del Congo que, a distintos niveles - la Conferencia Episcopal, la Facultad de Teología, las parroquias y las diversas comunidades eclesiales vivas - se ha esforzado por encontrar las vías y medios de una verdadera inculturación de la fe cristiana y de la vida de las comunidades. Una de estas experiencias ha sido la introducción del Misal Romano para las diócesis del Zaire (antiguo nombre del Congo) que es un libro litúrgico oficial de la Iglesia Católica romana. El ritual conjuga muy bien la experiencia de la tradición de la Liturgia romana y el aporte cultural africano. En el esquema de la celebración del rito congoleño podemos encontrar como algo original, la invocación a los antepasados; la danza, incluso de los celebrantes; el papel de anunciador. He aquí un resumen de las partes de la celebración:

Canto de entrada: hay procesión de los ministros de la celebración, acólitos y sacerdote en fila, bailando hasta el altar, se lleva la cruz, velas e incensario.

Veneración del altar: el presidente de la celebración alza las manos en forma de U, venera el altar en la mitad de cada lado y los otros celebrantes permanecen inclinados.

Invocación de los santos y antepasados de buen corazón: en cada invocación se responde "están con nosotros". El africano comulga con la fuerza de la naturaleza, para él, los muertos no están muertos, sino que nos acompañan siempre.
Gloria: se canta y se baila, los ministros de la celebración lo hacen alrededor del altar y los fieles en sus puestos. El africano no se siente solo, sino en comunión con los vivos y los muertos y con la fuerza de la naturaleza; por eso quiere estar en comunión con la fuerza vital que se irradia alrededor del altar.

La liturgia de la Palabra: antes de toda lectura, el anunciador hace la introducción sobre la lectura y quien va a leer pide la bendición para el servicio que realiza, después de cada lectura hay un canto.

La procesión del Evangelio: se hace con las velas y los ministros de la celebración y normalmente se va bailando y cantando. La homilía la hace el sacerdote o un laico a la que sigue el Credo.
El acto penitencial: hay una fórmula propia para pedir perdón; después se rocía con agua bendita para recordar el bautismo a la que le sigue la oración por la paz.
Oración de los fieles: es propuesta por el anunciador.
Presentación de las ofrendas: en procesión hasta llegar al altar donde los oferentes las entregan al sacerdote que las presenta cantando o hablando.
Salida:   cantando, bailando y en procesión hasta fuera del templo.

BENIN. Desde los años postconciliares existe, en este pequeño país del África occidental, una experiencia particular llamada "Le Sillon noir", expresión francesa que significa "El Surco negro", en referencia al surco que se abre en medio de la tierra antes de echar la simiente.
El 19 de octubre de 1970, un joven sacerdote beninés hizo un sermón en su parroquia que provocó un revuelo importante en todos los asistentes a la eucaristía. Les dijo que tenían que buscar todo lo que hay de verdadero y santo en las tradiciones culturales y religiosas africanas para dar gracias a Cristo, Heredero de las naciones, como lo había pedido el Concilio Vaticano II. Después de explicar los textos, los laicos y sacerdotes decidieron poner en marcha un movimiento de investigación cultural para cristianizar la cultura del hombre negro y sus tradiciones y para inculturar la fe. Desde su comienzo, el movimiento intentó evangelizar con respeto la Religión Tradicional Africana poniendo al diálogo interreligioso como punto de partida.  El Surco Negro (SN) nació como un diálogo entre sacerdotes y laicos sobre la misión evangelizadora de la Iglesia actual. Hasta 1978, los miembros del SN se limitaron a estudiar y reflexionar, pero enviando regularmente los resultados de sus investigaciones a su obispo, monseñor L. Agboka, que un día les dijo: "Desde hace años me mandáis el fruto de vuestros trabajos; ahora, vosotros mismos, tenéis que pasar a la acción porque los que habéis reflexionado sois los más capaces de poner sus frutos en aplicación". Así fue como comenzó el trabajo que dio como resultado el rito inculturado del Viernes Santo y de todos los rituales que han seguido, en particular, el de los funerales cristianos.
En 2010, El Surco Negro celebró sus 40 años de existencia. Con ese motivo, su fundador, monseñor Bernard Adoukonou, actual Secretario del Consejo Pontificio de la Cultura, escribió una carta en la que hacía una evaluación del SN; al final afirma: "El Surco Negro está feliz de situarse modesta, pero decididamente, entre los herederos y constructores de futuro en materia de inculturación y de asumir, por su parte, el cambio misionero para la 'misión ad gentes'".
Estos cristianos africanos pusieron en marcha lo que Africae Munus invita a hacer: "La Iglesia convive cotidianamente con los seguidores de las religiones tradicionales africanas. Estas religiones, que hacen referencia a los antepasados y a una forma de mediación entre el hombre y la Inmanencia, son el terreno cultural y espiritual del que provienen la mayoría de los cristianos conversos, y con el que mantienen un contacto diario. Conviene elegir entre los convertidos algunos bien informados, con el fin de que puedan ser guías para la Iglesia en el conocimiento cada vez más profundo y preciso de las tradiciones, la cultura y las religiones tradicionales. Será así más fácil conocer los verdaderos puntos de ruptura. Además, se llegará también a la necesaria distinción entre lo cultural y lo cultual, descartando los elementos mágicos, causa de división y ruina en la familia y en la sociedad".(AM 92)  

3. 2 Inculturación y Diálogo Interreligioso

Otro ejemplo de inculturación es el que se realiza a través del encuentro y el diálogo interreligioso, lo que muestra hasta qué punto se esta inculturando el mensaje evangélico en las sociedades africanas de hoy. Una realidad evidente en el continente africano es la diversidad de religiones y por lo tanto la necesidad de encuentro y diálogo entre ellas. La Exhortación Africae Munus lo recuerda así: "Si todos nosotros, creyentes en Dios, deseamos servir a la reconciliación, la justicia y la paz, hemos de trabajar juntos para impedir toda forma de discriminación, intolerancia y fundamentalismo confesional"(AM 94). En este sentido, creo que las Iglesias y comunidades africanas están realizando una inculturación importante que está sirviendo para trazar caminos nuevos de reconciliación y paz. Como ejemplo, los casos de Sudan del Sur, Egipto, República Centroafricana, Burkina Faso y Argelia.

SUDAN DEL SUR. El cristianismo ha tenido y tiene en este joven país un papel de cemento religioso que a veces se subestima. Los 50 años de guerra contra Jartum, la capital del Sudan del norte, no se pueden resumir en un simple choque geopolítico entre islam del Norte y bloque cristiano y animista del Sur. El cristianismo ha servido de lazo esencial entre los ciudadanos del nuevo Estado. La raza, el interés económico, la etiqueta política alimentan simientes de sedición y de guerra, pero no la religión. Desde el comienzo de las tensiones, la Iglesia católica y la protestante se han estado dando la mano para trabajar juntas por la reconciliación y la paz. Quizá sea una voz en el desierto, pero es una voz de esperanza para una nación incierta que lucha para seguir viva. 

EGIPTO. El 18 de febrero 2014, se reunieron los jefes y responsables de las cinco principales confesiones cristianas presentes en Egipto: el Patriarca copto-ortodoxo, Tawadros II, el Patriarca copto-católico, Su Beatitud Ibrahim Isaac Sidrak;  el Greco ortodoxo, el Protestante y el Anglicano. Su intención era conmemorar el primer aniversario de la institución del Consejo Nacional de las Iglesias cristianas de Egipto, creado el 19 de febrero de 2013. Para el obispo copto católico de Assiut, monseñor Kyrillos William, «la institución del Consejo Nacional de las Iglesias constituye un hecho importante para todos, cuyos efectos se pueden constatar. En la semana de oración por la unidad de los cristianos, pudimos ver que los fieles estaban contentos de ver a los jefes de las iglesias cristianas rezar juntos". Este año, por primera vez, un obispo copto-católico, el Vicario patriarcal, monseñor Hanna Golta, ha predicado en una iglesia copta ortodoxa; algo que nunca se había visto». Según monseñor Kyrillos, el nuevo clima que existe entre los miembros de las diferentes confesiones cristianas es fruto de la buena voluntad y de la apertura ecuménica del Patriarca Tawadros II. El Consejo está formado por un Comité de presidencia que reúne a los cinco jefes de las iglesias y comunidades implicadas; un secretariado general formado por cinco representantes de las diferentes iglesias y que preside actualmente un sacerdote copto-ortodoxo, Bishoy Helmy; y un Comité ejecutivo de 15 miembros. Del Consejo dependen 15 comisiones que estudian y trabajan sobre cuestiones específicas, como la Comisión teológica que se ocupa de temas tan candentes como el bautismo que los coptos ortodoxos administran a los cristianos de otras confesiones cuando entran en su Iglesia. Bishoy Helmy ha declarado que entre los coptos ortodoxos y los coptos católicos, existen 15 cuestiones doctrinales y teológicas sobre las que es posible abrir una confrontación. Además, un fruto reciente de este encuentro entre hermanos cristianos ha sido que el Patriarca Tawadros II acaba de pedir al Papa Francisco que fije una fecha para que todos los cristianos del mundo puedan celebrar la Pascua el mismo día

REPUBLICA CENTROAFRICANA.  A causa de la guerra que estalló con el golpe de Estado de marzo 2013, las tensiones entre las comunidades cristiana y musulmana se desencadenaron. Para buscar un camino de solución, el arzobispo de Bangui creó una Comité inter-religioso para la paz junto a un pastor protestante y un imán musulmán. A pesar del dolor y la desesperación, estas personas han conseguido, por su testimonio de vida, poner una luz de esperanza en medio de tanto sufrimiento. Con ello, estos testigos han puesto en práctica las palabras de la exhortación: "En efecto, sólo una auténtica reconciliación engendra una paz duradera en la sociedad. Ciertamente, sus protagonistas son las autoridades gubernamentales y los jefes tradicionales, pero también los simples ciudadanos. Después de un conflicto, la reconciliación, gestionada y llevada a cabo a menudo en el silencio y la discreción, restaura la unión de los corazones y la convivencia serena. Gracias a ella, tras largos períodos de guerra, las naciones encuentran la paz, y sociedades profundamente heridas por la guerra civil o el genocidio reconstruyen su unidad. Dando y acogiendo el perdón se ha podido sanar la memoria herida de personas o de comunidades, y familias antes divididas hayan encontrado la armonía. La reconciliación supera las crisis, restaura la dignidad de las personas y abre el camino al desarrollo y a la paz estable entre los pueblos a todos los niveles, han podido subrayar los Padres del Sínodo (AM.21).  
El grupo inter-confesional por la paz se ha dedicado a actividades por la paz y la concordia, incluso entre bastidores, como en Libreville(Gabón), donde se concluyo el acuerdo que trajo un alto el fuego a primeros de 2013. Su intención ha sido la de buscar soluciones concretas a las víctimas del conflicto porque como decía el arzobispo: "El conflicto está dejando heridas muy profundas que habrá que sanar en las generaciones venideras. Como líderes religiosos tenemos que ayudar a la gente a reconciliarse". Estas tres personas son los apóstoles de la no-violencia en medio del caos centroafricano. Los tres recorren el país para hacer encuestas sobre crímenes, denunciar a los asesinos, predicar juntos la paz, el perdón y la reconciliación y llamar a los responsables políticos centroafricanos y a la comunidad internacional a tomar sus responsabilidades.

Esta manera concreta de hacer visible el evangelio en situaciones difíciles y de ser orientado hacia la justicia y el encuentro de los enemigos me parece que es un ejemplo importante de inculturación en el África de hoy. Estas tres personas han dejado que la palabra de Dios, en la Biblia y en el Corán, oriente e ilumine sus vidas, como dice la exhortación: "Desear que la Palabra de Dios penetre y forme nuestra vida para reconciliarnos con Dios, para permitir que Dios nos conduzca a una reconciliación con el prójimo, camino necesario para la construcción de una comunidad de personas y de pueblos".(AM.17)

BURKINA FASO. Es un país de la zona saheliana en cuyas ciudades, pueblos y aldeas se entremezclan cristianos, musulmanes y fieles de la religión tradicional. Para mejorar sus relaciones y buscar soluciones a los problemas de convivencia, se creó en 1969, en la diócesis de Dori, al norte del país, la "Unión Fraternal de los Creyentes de Dori" (UFCD). Es una asociación inter-confesional creada por el difunto padre Lucien BIDAUD, un misionero redentorista. Desde entonces, se ha convertido en un ejemplo de diálogo interreligioso y un instrumento de desarrollo socioeconómico. Su fuerza está en su filosofía del dialogo para la paz, una visión capaz de prevenir numerosos conflictos que la mayoría de las veces están fundados en la intolerancia. La asociación que está presidida por el obispo diocesano y el imán de la ciudad, convoca a sus miembros para todo lo referente a una mejor convivencia y conocimiento del otro diferente. Su misión es promover el desarrollo integral de las personas a través de la cultura de la tolerancia, el diálogo interreligioso y la colaboración socio-económica. Sus principios y valores son: la tolerancia y el respeto mutuo, el dialogo, la cooperación y el deseo de un desarrollo de las comunidades. Su objetivo principal es realizar la unión entre los cristianos, musulmanes y otras confesiones de la región, para asistir a los más desfavorecidos y llevarlos a un desarrollo verdadero de ellos mismos, por ellos mismos.  Este hecho ha llevado a que los responsables católicos de la diócesis de Dori hayan creado, en cada una de las parroquias, equipos parroquiales de dialogo islamo-cristiano, formados especialmente por jóvenes que se encuentran regularmente con jóvenes musulmanes para compartir y discutir sobre temas de vida y celebrar las fiestas religiosas de cada comunidad.
           
ARGELIA. La Iglesia de Argelia buscando caminos de inculturación en un medio musulmán, ha definido la vivencia de los tres votos de la vida religiosa de una manera novedosa. La obediencia queda definida como “disponibilidad a ellos”, la castidad se convierte en “gratuidad para ellos”, la pobreza aparece como “precariedad con ellos”. Estas definiciones, cargadas de sentido evangélico, son un verdadero terremoto para las referencias a partir de las que se formulan y precisan esos valores: ellos y su sensibilidad humana, en vez de nuestras tradiciones cristianas. Es un giro total en la manera de considerar los votos; es pasar del orden de las obligaciones, aceptadas como condiciones tradicionales de la vida religiosa, al orden de las exigencias vivas sentidas como condiciones de una vida guiada por la única preocupación de responder a las necesidades de aquellos a los que queremos, recordando siempre que la Misión no es lo que hace la Iglesia, sino que es la "Missio Dei" la que constituye la Iglesia, la cual debe estar a su servicio, renovándose siempre porque la Misión es la participación de los cristianos en la obra liberadora de Jesús. Esta inculturación de la expresión de los votos realiza plenamente, incluso en un medio como el musulmán, el proceso de leer los valores del evangelio a la luz de la cultura que lo acoge, haciendo descubrir con toda limpidez "simientes del Verbo" en la cultura musulmana, como son la disponibilidad, la gratuidad y la precariedad.
De la misma manera, desde hace unos años se está viviendo en Argelia una experiencia interreligiosa llamada "La escuela de la diferencia". La idea surgió en 2011, cuando un grupo de personas hicieron un retiro en el desierto argelino. Uno de los responsables comentaba así el hecho: "Qué semana más bonita e intensa, andando, rezando, conociéndose mejor, creciendo en amistad... ¡Qué pena no poder compartir algo así con mis amigos musulmanes!.  Hablando con sus amigos, todos le animaron a que propusiera la experiencia a algunos musulmanes. Preparo un programa y con la ayuda de los Maristas de la ciudad de Mostaganem contactó con una cofradía musulmana que no solo aceptó la idea, sino que puso a su disposición su centro de acogida. Finalmente 21 personas, chicos y chicas, musulmanes y cristianos, de Europa, África y América Latina, aceptaron vivir esta experiencia única en el Magreb. Árabe y francés son las lenguas de la Escuela. Tras la inauguración oficial con los dirigentes de la cofradía y el obispo de Orán, pasaron una semana disfrutando de cada instante. Este fue el programa.

Lunes: Soy mestizo. Poner en evidencia todo lo que en nuestras vidas e historias colectivas ha habido como aportaciones de otras lenguas, formas de organizarse, de trabajar, de creer, de vestirse, y que forman parte de mi persona. Descubrirse “mestizo” es descubrir que tenemos “primos” en otras culturas y países.

Martes: Comunicación no violenta. Nuestra manera de hablar transmite nuestros pensamientos y sentimientos. El lenguaje puede romper barreras o reforzarlas. ¿Cómo hablan las chicas de los chicos? ¿los negros de los blancos? ¿los musulmanes de los cristianos? ¿los literarios de los científicos? Hablar del “otro” es también dar  informaciones (verdaderas o falsas) a los que aun no han tenido la posibilidad de encontrarse con alguien diferente.

Miércoles: la biodiversidad. Después de hacer una visita guiada al gran jardín y al   vivero que gestiona la cofradía musulmana, comprendimos mejor que la diversidad en   la Naturaleza está considerada como una riqueza en peligro. A medio plazo, la desaparición de la biodiversidad tendrá consecuencias desastrosas para la humanidad. La diversidad cultural también es una riqueza.  

Jueves: Espiritualidad abierta. La diferencia religiosa es percibida cada vez más como una fuente de conflictos en el siglo XXI. Sin embargo, el apego a su propia fe no conduce necesariamente al fanatismo; también conduce a la compasión, la defensa de los débiles, la capacidad de perdonar, de trabajar por causas comunes... Estudiamos los ejemplos argelinos del Emir Abdelkader que lucho contra la invasión francesa y luego salvo a 12.000 cristianos en Siria; y la del cardenal Duval (que fue arzobispo de Argel) que defendió el derecho a la autodeterminación durante la guerra de la independencia argelina aún corriendo el riesgo de perder a sus diocesanos. Una buena introducción para poder decir lo que cada uno admira en la fe de los demás.

Viernes: Yo... tú....EL. Reportaje sobre la violencia religiosa en Nigeria donde un pastor protestante y un imán trabajan juntos por la paz. Cada uno reflexiona sobre los lazos que le unen a su comunidad de origen, su patria, su familia. Es imposible aportar    algo a los suyos si no está claro lo que cada uno es. Aunque cada comunidad necesita pioneros, nada duradero se construye si estamos completamente desligados de los  nuestros.

Sábado: Excursión y evaluación. Visita de la ciudad de Mostaganem. Por la tarde una larga evaluación. Cada uno dijo lo que había cambiado en su interior y si deseaba que la experiencia se repitiera.
Esta experiencia nos descubre lo que dice la Exhortación Africae Munus en su n.39: "Más allá de las diferencias de origen o de cultura, el gran desafío que nos aguarda a todos es discernir en la persona humana, amada de Dios, el fundamento de una comunión que respete e integre las aportaciones particulares de las diversas culturas. Debemos abrir realmente estas fronteras entre tribus, etnias y religiones a la universalidad del amor de Dios. Hombres y mujeres diferentes por su origen, cultura, lengua o religión pueden convivir armónicamente".

Todas estas experiencias nos dan una idea de cómo estos creyentes han sido sensibles a la necesidad de hacer visible el mensaje del evangelio en la vida del africano de hoy, en especial en el cuadro de los encuentros diarios entre personas de experiencia religiosa diferente. Se puede decir que han seguido la invitación de Benedicto XVI: "Haced crecer en vosotros el anhelo de fraternidad, de justicia y de paz. El futuro está en manos de quienes saben encontrar razones sólidas para vivir y para esperar. Si lo queréis, el futuro está en vuestras manos, porque los dones que el Señor ha dispensado a cada uno de vosotros, fortalecidos por el encuentro con Cristo, pueden ofrecer al mundo una esperanza autentica" (AM.63)

3. 3 Comentarios

Después de todos estos ejemplos concretos de inculturación, qué elementos podríamos entresacar que nos ayuden a profundizar y enriquecer nuestra fe con estas experiencias de la Iglesia africana.
Lo primero es el hecho de que las iglesias africanas están respondiendo concretamente al reto que se da en numerosos países africanos víctimas de la guerra, en sus diversas manifestaciones (religiosa, étnica...)
En segundo lugar, la dimensión universal de las opciones de estas comunidades cristianas que no se han quedado encerradas en el cuadro estrictamente católico, sino que han sabido mantenerse abiertas a otras comunidades, en particular, a las musulmanas.
En tercer lugar, la incidencia que estas opciones tienen en la vida concreta de las gentes y sus pueblos. Son acciones que han respondido al deseo que tienen las personas y los grupos de paz y reconciliación, de apertura y de mutuo conocimiento.
En cuarto lugar, en las experiencias citadas podemos intuir que ha sido decisivo que las respuestas de estas diferentes comunidades de fe al reto que les imponía la realidad ha estado lleno de imaginación, es decir, que han sabido estar atentas a la acción del Espíritu. "La contribución de los cristianos en África sólo será decisiva si la inteligencia de la fe llega a la inteligencia de la realidad". (AM 32)
En quinto lugar que estos procesos de inculturación son caminos de justicia y de paz ya que evangelizar es aportar una buena noticia a través del testimonio de la vida y de la palabra, como dicen los Padres sinodales que "han señalado que la evangelización consiste esencialmente en dar testimonio de Cristo con el poder del Espíritu, a través de la vida, después por la palabra, en un espíritu de apertura a los demás, de respeto y de diálogo con ellos, ateniéndose a los valores del Evangelio".(AM 163)

4. CONCLUSION FINAL

Al final de su exhortación, Benedicto XVI expresa un deseo que todos los que como misioneros hemos vivido en África, hacemos nuestro: "Que la Iglesia católica en África sea siempre uno de los pulmones espirituales de la humanidad y se convierta cada día más en una bendición para el noble continente africano y para todo el mundo"(AM 177).
Creo que la inculturación que se está viviendo en África está fundada en mirar la realidad como una invitación del Espíritu Santo a creer de una manera nueva, a comunicar la Buena Noticia del evangelio diferentemente. Una nueva manera de creer porque aunque la sociedad africana está constituida sobre bases religiosas, África necesita una nueva manera de creer porque está inmersa en un mundo pluricultural y plurirreligioso formado por pueblos y culturas que en su mayoría no son de tradición cristiana. Ahora bien, una nueva manera de creer supone una nueva manera de evangelizar, en la que se comunique Vida, algo que tenga sentido para unas personas que quieren dar respuesta, desde su fe, a los retos del momento que vive el continente; una manera de comunicar una Buena Noticia que llegue a los otros para compartir una experiencia humana abierta.
Con esta nueva manera de creer y de evangelizar, la Iglesia africana no perderá nada, sino que recobrará todo su sentido de ser una comunidad viva y fiel a la Misión trinitaria, en la que todos viven la experiencia del Amor y la Vida, participando en la vida de la comunidad, siendo cercanos a la gente, vigilantes para unir y asegurar la autenticidad de la fe. Dice el jesuita indio Michel Amaladoss: "El desafío de la misión está en ser una comunidad 'contra-cultural' que de cuerpo en ella misma a valores de vida, de comunidad y de transcendencia, de manera que sus miembros sean testigos del Reino de Dios en el mundo".
Esta manera de vivir la fe inculturada, hace que el compromiso por la Reconciliación, la Justicia y la Paz, así como el Diálogo Interreligioso, se conviertan en una práctica necesaria entre los cristianos africanos que llevando el estilo evangélico a la vida de los que están 'fuera de la Iglesia', pueden hacer que Cristo se convierta para ellos en el centro de sus vidas.
En las experiencias que hemos mostrado, los procesos de inculturación impulsan a la ternura del amor por todos, los cercanos y los lejanos. Universalismo salvífico no significa prepotencia ni exclusivismo, significa no-exclusión, porque todos formamos parte de la misma historia de salvación, ya que los proyectos de los pueblos están relacionados con el proyecto salvador de Dios.La inculturación nos muestra que el evangelio es relacional, no doctrinal, lo cual es muy importante en el mundo africano ya que su identidad está marcada por la "relacionalidad". El evangelio transforma las relaciones humanas verticales, excluyentes, indiferentes, pragmáticas, en unas relaciones simétricas, fraternas, algo a lo que las sociedades africanas son muy sensibles. Lo original del evangelio pasa por las nuevas relaciones entre las personas.  Por otro lado, el ejercicio de la inculturación nos recuerda que la diversidad cultural africana exige del evangelizador africano que conozca, que ame la propia cultura para superar el etnocentrismo, suavizar las tensiones, los conflictos y crear una verdadera comunión entre las comunidades. La inculturación ayuda a relativizar los propios valores, dando importancia a lo fundamental y siendo flexible en lo accesorio, con lo que la justicia y la reconciliación pueden surgir con más facilidad. La inculturación de los procesos de diálogo interreligioso exige ser pacientes para esperar contra toda esperanza.
Me gustaría terminar con una cita de la encíclica Redemptoris Missio que hace alusión a las necesarias relaciones de la Iglesia con las otras religiones porque el Espíritu esta siempre actuando. “La relación de la Iglesia con las demás religiones está guiada por un doble respeto: respeto por el hombre en su búsqueda de respuesta a las preguntas más profundas de la vida, y respeto por la acción del Espíritu en el hombre... La acción universal del Espíritu no hay que separarla tampoco de la peculiar acción que despliega en el Cuerpo de Cristo que es la Iglesia. En efecto, es siempre el Espíritu quien actúa, ya sea cuando vivifica la Iglesia y la impulsa a anunciar a Cristo, ya sea cuando siembra y desarrolla sus dones en todos las culturas y pueblos, guiando a la Iglesia a descubrirlos, promoverlos y recibirlos mediante el diálogo. Toda clase de presencia del Espíritu debe ser acogida con estima y gratitud...” (RM 29).

                                   
BIBLIOGRAFIA
Shorter, A.: Evangelization and Culture. Geoffrey Chapman, Nueva York, 1994
Idem     : Toward a Theology of Inculturation. Orbis Books, Maryknoll, Nueva York, 1988
Pablo VI.  Exhort. ap. Evangelii nuntiandi (8 diciembre 1975), AAS 68 (1976)
Juan Pablo II. Exhort. ap. postsinodal Ecclesia in Africa (14 septiembre 1995), AAS 88 (1996)
Benedicto XVI. Exhort. ap. Africae Munus (19 noviembre 2011), AAS 98 (2012)

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