JUNTOS POR LA VIDA: MISIÓN Y EVANGELIZACIÓN EN CONTEXTOS CAMBIANTES.

Kirsteen Kim
Leeds Trinity University

El documento Juntos por la vida: misión y evangelización en contextos cambiantes, fue aprobado por el Comité Central del Consejo Ecuménico de las Iglesias (CEI) en su reunión en Creta, el 5 de septiembre de 2012, como comunicado oficial del Consejo.

Esta es solamente la segunda declaración del CEI sobre el sujeto de la misión y la evangelización, y el primero de los treinta últimos años. Es, por tanto, un documento importante y me es un placer presentarlo.

La nueva declaración, quiere, en general, estimular la reflexión sobre la misión y alentar una acción lúcida por parte de las iglesias que realizarán la misión de Jesucristo.

El fin general de esta misión es entendido en el sentido de ”para que tengan vida…en abundancia” (Juan, 10,10). Más específicamente la nueva declaración quiere promover una apreciación renovada de la misión del Espíritu Santo, ya que este es un aspecto prominente en estos últimos años, sobre todo del Espíritu como el Dispensador de la Vida, tal como es enunciado en el Credo de Nicea y Constantinopla. Pone de relieve el fin de la misión que es el de promover la justicia, la reconciliación y la inclusión de los marginados. Concibe también la Iglesia en el poder del Espíritu como en “misión”, es decir, como testimonio de la Vida y quien da la Vida, y evangélico, es decir proclamando auténticamente la Buena Noticia en palabra y obra.

EL CMME Y EL CMI

Este documento ha sido elaborado por la Comisión Misión y Evangelización CMME, CWME en inglés, del CEI. Los orígenes de la CMME se remontan a la Conferencia Misionera Mundial de Edimburgo en 1910. Este acontecimiento partía  de la visión del metodista americano John R. Mott, Secretario General de la Federación del Mundo Estudiante Cristiano, sostenido por Joseph Oldham, presbítero escocés. Estaban convocados los dirigentes de casi todas las denominaciones protestantes y la mayoría de las agencias misioneras protestantes. Su fin era el de “considerar los problemas misioneros en relación con el mundo no cristiano” . No era fácil agrupar tantas iglesias y se hizo, entendiéndose que no habría ninguna discusión teológica- sino solamente sobre “la ciencia de la misión”- y que no habría ninguna toma de decisión. Se tomó una decisión, sin embargo, la de formar un comité de seguimiento que se convirtió en el Consejo Misionero Internacional (CMiI). El Consejo Misionero Internacional (CMiI) reunía los comités misioneros de las iglesias y de las agencias misioneras en los consejos misioneros nacionales.

La Conferencia de Edimburgo de 1910, promovía, paralelamente, los movimientos Vida y Trabajo y Fe y Orden, quienes se pusieron de acuerdo en 1937 para formar un Consejo Ecuménico de las Iglesias, constituido finalmente en 1948 . El CMiI ha continuado en paralelo con el CMI. Ha celebrado conferencias sobre temas misioneros en Jerusalén en 1928, Tambaram, Madras en 1938; Whitby, Canadá en 1947; Willingen, Alemania en 1952 y Akimoto, Gana en 1958.

La teología dominante de la misión no se ponía en duda en 1910, pero los debates del CMiI incluían temas teológicos y, en la época de post-guerra, el CMiI desarrolló, en sus conferencias, la teología de la misio Dei, celebrada por David Bosch en su opus magnum de 1991, como el paradigma común de la misión sobre la cual el Consejo Misionero Internacional vio un consenso ecuménico . Missio Dei, presenta un enfoque trinitario que sitúa a la misión en el Envío del Hijo y del Espíritu en el mund . Esta nueva teología tenía importantes consecuencias prácticas. En primer lugar, el tema de las discusiones cambió de “misiones” (en plural) y sus problemas a “misión” (en singular), su base y su naturaleza teológica. En segundo lugar, la Iglesia cambió ‘para no ser ya la que envía, sino la que es enviada” como la servidora de la misión de Dios en el mundo. En tercer lugar, si la misión viene de lo alto, entonces ya no hay centro terrestre, a partir del cual el evangelio se ha universalizado, sino que misión e Iglesia son policéntricas y toda iglesia o comunidad local tiene una obligación misionera. En cuarto lugar, puesto que la Iglesia, en sí misma, es enviada, es misionera por naturaleza y la misión debería estar integrada en la vida de la Iglesia. En quinto lugar, la misión es extensa en aquello que abarca lo que Dios envía a la Iglesia a realizar en el mundo o también- para los intérpretes más radicales- todo lo que podría ser comprendido como actividad de Dios en el mundo, aun cuando la Iglesia esté implicada o no .

La existencia de dos cuerpos mundiales- el CMI y el CMiI- a los que las nuevas iglesias debían adherirse, la carga financiera para respaldar ambos y el argumento teológico de que la misión es de la misma naturaleza de la Iglesia; convenció a los líderes de la misión de que las dos instituciones iban de la mano) Finalmente las dos instituciones fueron incorporadas en la Asamblea General del CMI en Nueva Delhi en 1961. El trabajo de la misión del CMiI fue asociado a la oficina para la evangelización del CMI para formar la Comisión Misión y Evangelización (CMME) . Las conferencias mundiales sobre la misión continuaron, aproximadamente, cada diez años: Méjico 1963, Bangkok 1972-73, Melbourne, Australia 1980, San Antonio, Texas 1989; Salvador de Bahía, Brasil 1996 y Atenas, Grecia 2005. En 2010 la CMI participó en la conferencia del centenario de la Conferencia Mundial Misionera, conocida como “Edimburgo 2010” .

A pesar que “Edimburgo 1910 no reuniera nada más que a protestantes y anglicanos, el Consejo General que organizó el proyecto del centenario de este acontecimiento, incluyó también, como invitados a representantes de la Iglesia católica -vía Consejo Pontificio para la Unidad de los Cristianos-, las iglesias ortodoxas y otras iglesias  independientes pentecostales como participantes de pleno.

El Consejo Ecuménico de las Iglesias es una “fraternidad” de iglesias que confiesan al Señor Jesucristo como Dios y Salvador según las Santas Escrituras y que, en consecuencia, buscan realizar juntos su vocación común para Gloria de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo. Se recomienda a las iglesias el estudio de los documentos del CMI y su puesta en común. No tienen más autoridad que la verdad intrínseca de su contenido ni están obligadas por ninguna iglesia, ni siquiera las iglesias miembros del CMI. Son documentos de consenso preparados por miembros de la institución del CMI que representan principalmente a las iglesias protestantes y ortodoxas. Desde los años 70, hay una participación creciente de los católicos  en los trabajos del CMI. Más recientemente hubo un acercamiento con la Alianza Mundial evangélica que incluyó numerosas iglesias protestantes que no son miembros del CMI y con representantes de iglesias Pentecostales.

Las fuentes utilizadas en los documentos del CEI son variadas. La Biblia y el Credo de Nicea tienen un lugar destacado, ya que, con otras declaraciones oficiales del CEI, son las únicas autoridades escritas compartidas por las iglesias miembros. Pueden también referirse al trabajo de instituciones o de conferencias asociadas al CEI; a las declaraciones de iglesias miembros y a los documentos de otras instituciones globales de iglesias, comprendidas en el Magisterio y estudios académicos.

Desde 1961 el CMME ha producido, dos declaraciones que se ha convertido en documentos oficiales del CMI. El segundo documento es el que nos interesa hoy. El primero era la declaración de 1982, Misión y Evangelización, una Afirmación Ecuménica (AE) . AE nació como una respuesta a los dos documentos siguientes, la Convención de Lausanne (1974) de los Protestantes Evangélicos y la Exhortación apostólica de Pablo VI, Evangelii Nuntiandi (1975). Ambas debatían la cuestión de si la prioridad de la misión o de la evangelización debía ser la más estricta tarea religiosa de la llamada a la  conversión y plantar la Iglesia, o bien un papel social más amplio de dedicarse a los pobres y promover la justicia social. Este tema había sido objeto de un debate muy animado en la Asamblea de CMI de Nairobi en 1975. Era un debate entre conservadores y progresistas, y en el mundo protestante entre ecuménicos y evangélicos.

El documento de 1982 reflexionaba sobre el tema de la conferencia de Melbourne “Que venga tu Reino” y las ideas de la teología de la liberación latinoamericana contemporánea que allí se expresaban. AE tomó una aproximación holística de la misión, poniendo de relieve los dos puntos de vista, la llamada a ser verdadero testigo de Jesucristo y del Reino de Dios prometido, pero también el mandato de vivir en solidaridad con los que son explotados y rechazados por los sistemas sociales y económicos . Este intento de unir proclamación y acción social se encuentra como preferente en el documento para el término “testigo”. Insistía sobre el papel particular del pobre y las iglesias de los pobres en la misión de Dios y subrayaba el serio desafío que el mensaje del Reino arrojaba a la misionología tradicional y a los programas misioneros. Al mismo tiempo afirmaba la llamada de la Iglesia a la proclamación, la importancia de la misión intercultural y de la constitución de comunidades locales como esenciales para la estrategia de la misión cristiana. El documento acuñó la expresión “misión a la manera de Cristo”. Reflexionó también sobre el hecho de que la elección de Cristo de la vulnerabilidad y su camino de cruz, es un desafío al uso del poder en la política, en la iglesia y en la vida de la misión. AE ha sido redactada en términos de cristología y de reino .

Historia y naturaleza de la declaración

La Comisión Misión mundial y Evangelización trabajó sobre esta nueva afirmación sobre la misión y la evangelización desde que se reestructuró  después de la IX Asamblea del CMI en Porto Alegre en 2006. La Comisión que preparó este documento tenía veinticinco miembros más aproximadamente, cinco personas del equipo del CMI. El moderador era Mns. Gee Varghese Mor Coorilose, Metropolitano de Niraman, Iglesia Siria Ortodoxa Malankar en India. Los secretarios de la Comisión durante este período eran el Rvdo. Jacques Matthey de la Iglesia Reformista de Suiza y más tarde el Rvdo. Jooseop Keum de la Iglesia presbiteriana de Corea. El 25% de los miembros de la comisión representaban iglesias no miembros. Había responsables de las Iglesias evangélicas y pentecostales y representantes católicos. Uno de los miembros del equipo era el consejero católico: En primer lugar, María Arantxa Aguado y más tarde, el profesor Dr. Annemarie Mayer. Los comisarios trabajaron en grupos que correspondían a las cuatro secciones principales del documento. Fueron coordinados por el grupo encargado del proyecto presidido por la Profesora Kirsteen Kim, vice moderadora de la Comisión. El último anteproyecto del documento completo fue examinado a partir de la conferencia preparatoria en la Asamblea de la CMME, en Manila en 2012 y después sometido a una revisión suplementaria a esta idea. La última versión fue aprobada con la unanimidad del Comité Central del CMI en la Academia Ortodoxa, reunido en Creta, en septiembre de 2012.

La intención de Juntos por la vida no era reemplazar sino completar la Afirmación Ecuménica precedente. Los comisarios reconocían desde el principio la validez duradera del documento de 1982; pero como había sido escrito más de treinta años antes, puesto que el mapa global era muy diferente, han considerado como una tarea importante y urgente, expresar una teología ecuménica de la misión  hoy.

He aquí algunos ejemplos de estos cambios: 1982 era antes del fin de la Guerra Fría, antes de la globalización, antes de la invención de Internet y antes del acontecimiento de 9/11. En 1982, el Papa Juan Pablo no llevaba más que dos años como papa, China acababa de embarcarse en la liberación económica, y Ronald Reagan acababa de llegar a la Casa Blanca.

Desde 1982 la Comisión contemplaba los desarrollos en la teología de la misión. Se centró únicamente en algunos temas exclusivos, más que en ser exhaustivo.

Los cuatro ámbitos estudiados han sido: la misión del Espíritu, la misión desde los márgenes, Iglesia y misión, y evangelización. Se formaron grupos de trabajo que han redactado las cuatro secciones principales del presente documento. La razón del porqué se ha hecho así es como sigue: se quiso que el acento pneumatológico, que enmarca todo el documento complementara la cristología del documento de 1982. Además, la definición de Nicea del Espíritu Santo como “Dispensador de Vida” quedaba en paralelo y retomaba el enfoque del reino de Dios de la AE . El documento toma en cuenta también una contribución directa al tema de la X Asamblea del CMI de Busan, Corea, noviembre de 2013, “Dios de Vida, llévanos a la justicia y la paz”, y ha tomado en consideración el éxito ecológico creciente. La participación de la Comisión en el proyecto de Edimburgo de 2010 sugiere además que una aproximación pneumatológica tendría un papel aún más general yendo más allá de las iglesias miembros para atender todas las orillas del cristianismo mundial. Además los desarrollos recientes en teología de las religiones, habían establecido una fundación pneumatológica para el diálogo y la colaboración sobre las cuestiones de nuestra vida común. Desde 1982 y en parte después del cambio de misiones a misión, se ha puesto una atención creciente en la misión como forma de espiritualidad más que como tarea , y esta ha influido también a la primera sección y a la aproximación completa del documento.

El tema de “misión desde los márgenes” era en parte un desarrollo de la preocupación, en 1982, por el pobre, que incluía todas las categorías de marginalización e insistía sobre el hecho que la misión no es unidireccional del centro a la periferia, sino que los que están en la periferia son parte integrante de la misión de Dios que es justo e inclusivo, sanar y reconciliar. La misión desde los márgenes ha reconocido también el cambio del centro de gravedad de los pueblos cristianos del Norte y del Oeste hacia  el Sur y el Este, y en algunos casos una inversión en la dirección del envío misionero.

El trabajo de la misión en eclesiología se ha centrado en la obra del Espíritu que anima, que promueve y fortalece las iniciativas locales para la misión como también para los movimientos globales. Se ve que numerosos emigrantes son cristianos y por tanto que la Iglesia está, en un sentido, en marcha. La discusión sobre misión e iglesia ha sido vista en primer lugar como la implementación principal de las nuevas reflexiones sobre la misión y llamaba a una cooperación más grande con la Comisión Faith and Order  que había trabajado la cuestión de la naturaleza y de la misión de la Iglesia . En consecuencia, las dos Comisiones llegaron a un acuerdo sobre la prioridad de misio Dei  para comprender la Iglesia y su relación integrante a la unidad. Este documento es por tanto principalmente un desafío al ministerio evangélico de la Iglesia.

Aunque la CMME fuera responsable de la evangelización, en 1982 el término fue contestado enérgicamente y la Comisión no había elaborado ninguna declaración a este respecto. El desarrollo de esta última sección principal fue enormemente mejorada con la publicación del documento “Testimonio cristiano en un mundo multi-religioso: recomendaciones de conducta ”, preparado conjuntamente por el CEI, el PCPCU y el WEA en el cual se ha implicado el consejero del CMI para la evangelización, John Baxter-Brown. Mientras que discusiones anteriores sobre conductas en la evangelización habían tenido lugar mayormente en el contexto de “robo” de discípulos entre denominaciones cristianas, aquí se inserta en el contexto de pluralidad religiosa y cultural contemporánea y de la conciencia de las relaciones de poder entre los diferentes grupos. En resonancia a la declaración de 1982, se discute una evangelización a la manera de Cristo que pone de relieve la necesidad por la vulnerabilidad y la autenticidad.

La introducción y la conclusión del documento fueron redactadas por el Secretario de la Comisión y revisadas en consulta con el Moderador y la Vice moderadora antes de ser aprobadas por la comisión. Una gran parte está inspirada en la reflexión sobre Jn 10, 1-8 donde el trabajo vivificante y la preocupación del sacrificio del Buen Pastor son puestos en contraste entre, de un lado el egoísmo y la búsqueda excesiva del beneficio de los mercenarios y, del otro, el bienestar y el conocimiento de la oveja que sobrepasa todo. Las series del comienzo de la declaración de fe están ampliadas en el cuerpo principal del documento y conlleva una serie de afirmaciones y puntos de acción.

CONTENIDO DE LA DECLARACIÓN

Juntos por la vida continúa según el paradigma teológico de la “misión de Dios” (misio Dei) concebido en el período post colonial y retomado por la Afirmación de 1982. Es decir que “la Misión comienza en el corazón de Dios Trino (2). La Misión es el desbordamiento a favor de toda la humanidad y de la creación, del amor que une la trinidad Sagrada y la plenitud de Vida que comparten las tres Personas. La misio Dei se entiende en este documento, como la afirmación de la importancia del Espíritu Santo para la teología de la misión. La nueva declaración parte de la premisa de que en una perspectiva pneumatológica, la misión implica el discernimiento de la presencia y la actividad del Espíritu Santo para asociarse allí. Y expresa la convicción  de que el principal signo del Espíritu Santo es la Vida vivida por Jesucristo y puesta a disposición de todos por su crucifixión y su resurrección.

El documento se estructura en seis partes según las diferentes características y los diferentes símbolos de la misión vivificante del Espíritu:

1. JUNTOS POR LA VIDA

  1. Juntos por la Vida: Introducción al tema
  2. Espíritu de misión: Soplo de vida
  3. Espíritu de liberación: La misión desde los márgenes
  4. Espíritu de comunidad: La Iglesia en marcha
  5. Espíritu de Pentecostés: Buena noticia para todos
  6. Fiesta de la Vida: Afirmaciones finales

El título de la nueva declaración, Juntos por la vida, hace referencia a la Vida con mayúsculas; no solamente la existencia biológica sino la Vida en toda su plenitud, la Vida abundante que Jesús promete (Jn 10,10), Es la vida “en todas sus dimensiones, en particular la liberación de los oprimidos, la sanación y la reconciliación de comunidades quebrantadas y la restauración de la creación”(24).

Jesucristo es la Vida del mundo y el Espíritu Santo es el Espíritu de la Vida cuando “ el ladrón no viene sino para robar, matar y destruir” (Jn 10,10). Juntos luchamos contra toda destrucción de vida y para una plenitud de Vida, incluyendo el bienestar económico y la salud ecológica, pues como dice claramente el documento, “negar la vida es rechazar el Dios de vida” (1), Hacemos esto “juntos” porque la vida es para todos y porque el oikoumene está interconectado completamente en la red del Dios de Vida. Juntos por la vida es en primer lugar una afirmación ecuménica, porque la CMME representa a las Iglesias del mundo entero y tradiciones diferentes- iglesias-miembros del CMI, organismos de misión afiliados, y representantes de otros organismos no miembros- y en segundo lugar, porque la misión vivificante nos congrega en la creación entera.

Juntos nos asociamos a la misión vivificante de Cristo a través del Espíritu Santo. El título utiliza también la palabra “por”. Esta expresa nuestra orientación hacia la Vida y también nuestra espera, nuestra esperanza en Cristo, “Resurrección y Vida” (Jn 11,25). Además sugiere que nuestra idea de la misión evoluciona aún, y que nuestras actividades de misión evolucionan en contextos cambiantes.

La declaración identifica en primer lugar diez cuestiones sobre la misión, partiendo de contextos cambiantes de la misión hoy, entre los cuales los dos individualismos extendidos, laicismo y materialismo. Expresa también una más grande apreciación de la espiritualidad bajo formas diferentes. Pone de relieve la preocupación ecológica y la exigencia de justicia económica. En el contexto de las numerosas religiones y ante la diversidad cultural, discute el crecimiento de un “cristianismo mundial” y la contribución a la misión desde los márgenes de la sociedad. A la luz de este contexto contemporáneo estudia diez cuestiones sobre la misión entre las cuales están: ¿Cómo y dónde discernimos el trabajo vivificante de Dios que nos permite participar en la misión de Dios hoy?  ¿Cómo podemos volver a encontrar la misión como espiritualidad transformadora y afirmación de Vida? ¿Cómo puede renovarse la Iglesia para ser misionera y avanzar juntos por la Vida en su plenitud? ¿Y cómo podemos proclamar el amor de Dios y la justicia a esta generación?

2. ESPÍRITU DE MISIÓN: SOPLO DE VIDA

Este mismo espíritu de Dios que, en la creación, “planea sobre la superficie de las aguas” ha descendido sobre María (Lc 1,35) y ha dado    nacimiento a Jesús. Este fue el Espíritu Santo que llenó de fuerza a   Jesús en su bautismo (cf. Mc 1, 10) y le dio mandato para su misión (cf. Lc 4, 14-18) Lleno del Espíritu de Dios, Jesucristo murió en la cruz. “Entregó su espíritu” (Jn 19, 30). En la muerte, en el frío de la tumba, por el poder del Espíritu Santo, resucitó a la vida, al primogénito de entre los muertos. (cf. Rm 8,11).(&13)

La primera gran sección de la declaración- Espíritu de misión: Soplo de Vida, estableció la unión entre el Espíritu Santo y la misión. Introdujo el Espíritu Santo como Soplo de Vida. Desde la Creación, el Espíritu Santo ha sido el agente de la misión de Dios para llevar la Vida; Jesucristo fue concebido en el Espíritu, vivía en el Espíritu y ha dado al Espíritu, es decir, a causa de Cristo, de Pentecostés, es por lo que ha nacido la comunidad de los discípulos, ha nacido de lo más alto, del Espíritu Santo. El Espíritu de Dios tiene el poder/energía de recrear nuestro mundo y por tanto la misión en el Espíritu que nos inspira por Cristo, es vivificante y transformador. “El Espíritu da poder a quienes no lo tienen y exhorta a los poderosos a despojarse de su poder y privilegios en beneficio de quienes se han visto privados de los mismos. (&33).

Queda claro que por el Espíritu participamos en la misión de amor que está dentro de la vida de la Trinidad. Esto da lugar a un testimonio cristiano que promueve sin cesar el poder salvífico de Dios por medio de Jesucristo, y afirma constantemente la participación dinámica de Dios mediante el Espíritu Santo en todo el mundo creado. Todos los que responden a la efusión del amor de Dios están invitados a unirse con el Espíritu en la misión de Dios (&18).

El nuevo documento ve la misión “en el Espíritu”, como una fuerza de vida espiritual, o un tipo de espiritualidad: “la espiritualidad transformadora” (29-35). La misión en el Espíritu “tiene la creación como su corazón”(105; Gn 1,2; 2,7) y esta es una buena noticia para todos. La misión no es solo una estrategia; es más que una tarea o una actividad; es una orientación espiritual y un estilo de vida. La misión parte de una “compulsión interior urgente”  (1Cor 9,16) que viene del Espíritu de Dios entre nosotros. Además el Espíritu da la sabiduría y el discernimiento (1 Cor 12,10) que son necesarias para seguir a Cristo.

3. ESPÍRITU DE LIBERACIÓN. LA MISIÓN DESDE LOS MÁRGENES

Jesús comenzó su misión proclamando que estar lleno del Espíritu, es liberar a los oprimidos, restaurar la vista a los ciegos y anunciar la venida del Reino de Dios (Lc 4, 16-18). Emprendió el cumplimiento de su misión optando por los que están en los márgenes de la sociedad, y no a partir de una caridad paternalista, sino porque sus situaciones daban testimonio del pecado del mundo y su ansia de vida se conjugaba  con los designios de Dios.(&36)

La segunda gran sección- “Espíritu de liberación: misión desde los márgenes”- une la misión del Espíritu con el ministerio de liberación de Jesucristo, y en consecuencia con la liberación de la opresión y de la marginalidad para participar en la misión de Dios. “El Espíritu del Señor está sobre mí”, dijo Cristo, “porque me ha ungido para anunciar la Buena Noticia a los pobres…” (Lc 4,18). Jesucristo ha elegido estar con los que están en los márgenes de la sociedad, no por “caridad paternalista” sino a causa de su deseo ardiente de justicia y de vida en la dignidad (&36). Él los llamó “sal del mundo”, luz y levadura del mundo (Mt 5,13,14; 13,33). Se identificó con ellos y el Cristo crucificado y resucitado lleva las marcas de la opresión sistemática en su propia carne.

La misión desde los márgenes busca contrarrestar las injusticias en la vida, la iglesia y la misión. Desea ser un movimiento de misión    alternativo que se oponga a la percepción de que la misión sólo es posible por parte de los poderosos para con los que no tienen poder, de  los ricos para con los pobres, o de los privilegiados para con los marginados. Estos enfoques pueden contribuir a la opresión y la marginación. La misión desde los márgenes reconoce que estar en el centro significa tener acceso a los sistemas que permiten que se afirmen y respeten los propios derechos, la libertad y la individualidad, mientras    que vivir en los márgenes significa estar excluidos de la 9 justicia y la dignidad. Sin embargo, vivir en los márgenes puede ofrecer enseñanzas. Quienes están en los márgenes tienen la capacidad de actuar por sí mismos, lo que les permite ver lo que está fuera de la vista de quienes viven en el centro. Las personas en los márgenes, por el hecho de vivir en posición de vulnerabilidad, suelen percibir las fuerzas de exclusión que amenazan su supervivencia y pueden discernir mejor la urgencia de sus luchas; las personas en posición de privilegio tienen mucho que aprender de las luchas cotidianas de las personas que viven en condiciones de marginalidad (&38).

Los que están en los márgenes “pueden ver a menudo lo que para los del centro está fuera de la vista” (&38). Esta sección del documento señala que los marginados no son simplemente objetos de misión sino que son agentes de misión a la búsqueda de la justicia y de la inclusión. Son “depositarios de esperanza viva, de resistencia colectiva y de perseverancia” (&39). En consecuencia, la participación en la misión de Dios “requiere el compromiso de resistir y luchar contra los poderes que impiden la plenitud de vida que Dios quiere para todos los seres humanos; y la voluntad de trabajar con otros en movimientos e iniciativas comprometidos con las causas de la justicia, la dignidad y la vida. (&45). En otros términos, la misión es inclusiva. La declaración dice que “toda actividad misionera debe salvaguardar el valor sagrado de cada ser humano y de la creación (cf. Is 58) (&42). Debe promover la sanación, integridad y reconciliación para todos, la Vida por el Espíritu Santo.

 4. ESPÍRITU DE COMUNIDAD: LA IGLESIA EN MARCHA

La iglesia en la historia no siempre existió, sino que, teológica y  empíricamente, nació para la misión. No es posible separar la iglesia de la misión por lo que atañe a su origen o su objetivo. El objetivo de la iglesia es cumplir el designio misionero de Dios. La relación entre la  iglesia y la misión es muy íntima porque el mismo Espíritu de Cristo que da poder a la iglesia en la misión, es asimismo la vida de la iglesia. Al mismo tiempo que enviaba la iglesia en misión al mundo, Jesucristo sopló el Espíritu Santo en la iglesia (Juan 20:19-23). Por ello, la iglesia   existe por la misión, del mismo modo que el fuego existe porque quema. Si no practica la misión, deja de ser la iglesia. (&57).

La tercera gran sección del documento se concentra sobre el Espíritu Santo como “Espíritu de Comunidad” y explica porqué la Iglesia está en marcha, Porque discierne, toma su dirección y saca su energía del Espíritu de Dios de amor, la Iglesia es misionera por su naturaleza misma. El mismo Espíritu Santo que da su poder a la misión es también la vida de la Iglesia. En otros términos, “si no practica la misión, deja de ser Iglesia” (&57). “De ahí”, declara el documento, “se deriva una concepción dinámica de la apostolicidad de la Iglesia: la apostolicidad no es solo preservar la fe de la Iglesia a lo largo de los tiempos sino también participar en el apostolado (& 58). Es conforme a su ministerio apostólico, que la Iglesia interviene y se adapta, según el designio de Dios, para suscitar una nueva vida y la posibilidad de prosperar en la creación.

Vivir concretamente nuestra fe en comunidad es una forma  importante de participar en la misión. Por medio del bautismo somos hermanos y hermanas que pertenecen a una misma comunidad en Cristo (cf. Heb.10, 25). La Iglesia está llamada a ser una comunidad inclusiva, que acoge a toda persona. De palabra y obra, y en su propio ser, la iglesia anticipa y da testimonio de la misión del reino venidero de Dios. La iglesia es la reunión de los fieles y su envío en paz (&59).

En la actualidad, la Iglesia está en misión en un contexto cambiante de un cristianismo mundial y la declaración ha sentido la necesidad urgente de reinventar la Iglesia como encarnada de nuevo en la vida del mundo, sobre todo en las situaciones donde las gentes gritan para que la gracia salvífica de Dios les permita vivir en una libertad y una dignidad posibles para todos.           Llama la atención, sobre todo, los movimientos de migración, el desafío que obliga a las comunidades de iglesias existentes a reconocer que están también en peregrinaje y a ofrecer la hospitalidad a sus compañeros inmigrantes. Porque hay un cuerpo, una esperanza y un Espíritu (Ef. 4,4); hay una misión, -la misión de Dios- y nosotros estamos llamados a un testimonio común. Y si la misión es una respuesta amorosa a la llamada de Dios Trino, entonces la Iglesia debe probar este amor en la manera en la que ella hace la misión. El documento declara, pues, claramente que “la misión auténtica hace que el “otro” sea un copartícipe, y no un “objeto” de la misión (&93) y que “la misión no es un proyecto de iglesias en expansión, sino el proyecto de la iglesia que encarna la salvación de Dios en este mundo” (&58).

5. ESPÍRITU DE PENTECOSTÉS: BUENA NOTICIA PARA TODOS

“La evangelización es algo que fluye de los corazones que están llenos del amor de Dios para quienes aún no lo conocen” En    Pentecostés, los discípulos no pudieron dejar de proclamar las obras  poderosas de Dios (Hch.2,4;4,20). Sin menoscabo de las diferentes dimensiones de la misión, “la evangelización” consiste esencialmente en una sistematización explícita e intencional del Evangelio, en particular, la invitación a la conversión personal a una nueva vida en Cristo y a ser sus discípulos”. Mientras que el Espíritu Santo llama a algunos a que sean evangelistas (Ef.4, 11), nosotros estamos llamados a dar cuenta de la esperanza que está en nosotros (1Pe.3,15). No solo las personas individuales sino asimismo la iglesia en su conjunto estamos llamados a evangelizar (Mc 16,15; 1 Pedro 2,9) (&81)

La obra de Dios en Jesucristo por el Espíritu Santo es el evangelio de salvación para todos. En su cuarta y última gran sección, la nueva declaración se concentra específicamente sobre la evangelización en tanto que lleva “la Buena Noticia a todos” en el Espíritu de Pentecostés. El documento dice que “la evangelización es la actividad misionera que hace explícita y sin equívocos la centralidad de la encarnación, el sufrimiento y la resurrección de Jesucristo sin establecer límites a la gracia redentora de Dios. Tiene como objeto dar a conocer esa buena nueva a todas las personas que aún no lo han escuchado invitándolos a una nueva experiencia de vida en Cristo (&80). El documento declara con nitidez que “la evangelización no es proselitismo” porque es el Espíritu de Dios solo quien crea la nueva Vida y permite el nuevo nacimiento (Jn 3, 5-8, 1Te1,4-6) (&82) “La evangelización es algo que fluye de los corazones que están llenos del amor de Dios para quienes aún no lo conocen” (&81).

La evangelización auténtica está arraigada en la humildad y el respeto a todos, y prospera en el contexto del diálogo. Promueve el mensaje del Evangelio, de curación y reconciliación, de palabra y obra. “No hay evangelización sin solidaridad, ni hay solidaridad cristiana que no implique comunicar el mensaje del reino que ha de venir”. Así pues, la evangelización sirve de inspiración para la edificación de las relaciones interpersonales y comunitarias. Esas relaciones auténticas se   sustentan mejor en las comunidades religiosas locales, y sobre la base de contextos culturales locales. El testimonio cristiano lo es tanto por   nuestra presencia como por nuestras palabras. En situaciones en las que el testimonio público de la fe no es posible sin arriesgar la propia vida, el mero hecho de vivir el Evangelio puede ser una poderosa alternativa (&89).

La evangelización tiene lugar en un contexto de diálogo y en “la esperanza de encontrarnos con Dios quien nos ha precedido y ha estado presente con las personas en los respectivos contextos” (&94). Esto no implica solamente el anuncio de la Buena Noticia de Jesús, sino la afirmación de la más amplia presencia y actividad del Espíritu Santo. La declaración señala, sin embargo, que la evangelización requiere también “el discernimiento de los espíritus” (1Cor 12, 10). “Discernimos el Espíritu de Dios cada vez que se afirma la vida en su plenitud... También discernimos los espíritus malignos cuando prevalecen las fuerzas de muerte y de destrucción de vida” (&24). En otros términos, “la evangelización es también una vocación profética que implica decir la verdad a los poderosos en la esperanza y en el amor (Hch, 26,25, Col1,5; Ef 4,15) (&91). La predicación de la Buena Noticia hoy debe denunciar los ídolos de la riqueza. Del consumismo y otras fuerzas destructivas de vida. Ya que es “comunicar la verdad en el amor”(Ef 4, 15), la evangelización auténtica pasa por la palabra y por los actos. “El amor que nos tenemos los unos a los otros es prueba del evangelio que proclamamos” (Jn 13, 34-35) (&86). La evangelización implica vaciarse de sí mismo (kenosis, Fil 2,7), la vulnerabilidad de la parte del que evangeliza y, simultáneamente, llenarse “de la fuerza que viene de lo alto” con el fin de ser testigos de Cristo en los contextos diferentes de hoy (Lc 24, 49, Hch 1,8).

6. FIESTA DE LA VIDA

Somos servidores del Dios Trino, que nos confió la misión de proclamar las buenas nuevas a toda la humanidad y a toda la creación, especialmente a las personas oprimidas y a las que sufren, y que anhelan la plenitud de vida. La misión –como testimonio común de Cristo- es una invitación a “sentarnos a la mesa en el reino de Dios” (Lc 14, 15). La misión de la iglesia consiste en preparar el banquete e invitar a toda persona a festejar la vida. Esta fiesta es una celebración de la     creación, y de la fecundidad que rezume del amor de Dios, fuente de la vida en abundancia. Es un signo de la liberación y la reconciliación de toda la creación, que es el objetivo de la misión (&100)

A la luz de esta exploración de la relación entre la misión y el Espíritu de Vida, concluyen el documento diez afirmaciones sobre la misión y la evangelización. Son las respuestas a las diez cuestiones de misión hechas al principio. He aquí el resumen:

  1. El objetivo de la misión de Dios es la plenitud de vida (Jn 10,10): tal es el criterio de discernimiento en la misión.
  2. La misión comienza con el acto creador de Dios y que continúa en constante recreación por el poder vivificante del Espíritu Santo.
  3. La espiritualidad es la fuente de energía para la misión y que la misión en el Espíritu es transformadora.
  4. La misión del Espíritu de Dios es renovar toda la creación.
  5. Hoy existen nuevos movimientos misioneros en el sur y en el Este del mundo, que tienen múltiples facetas y tienden hacia múltiples direcciones.
  6. Las personas marginadas son agentes de misión y ejercen una función profética que pone de relieve que la plenitud de vida es para toda persona.
  7. La economía de Dios está basada en los valores de amor y de justicia para toda persona, y la misión transformadora se opone a la idolatría de la economía de libre mercado.
  8. El Evangelio de Jesucristo es la Buena Nueva en todo tiempo y lugar, y debe proclamarse en el Espíritu de amor y humildad.
  9. El diálogo y la cooperación por la vida son partes integrantes de la misión y la evangelización.
  10. Dios hace avanzar a la Iglesia en la misión y le da el poder y los medios para llevarla adelante.

A estas afirmaciones sigue una llamada a las iglesias para unirse todas “juntas por la Vida”:

El Dios trino y Uno invita a toda la creación a la Fiesta de la Vida, por Jesucristo que vino para “que todos tengan vida”, y la tengan en abundancia” (Jn 10,10), por el Espíritu Santo, que afirma la visión del reino de Dios: “Porque he aquí, yo crearé nuevos cielos y nueva tierra”(Is 65,17). En humildad y esperanza, nos comprometemos juntos en la misión de Dios, quien recrea y reconcilia todas las cosas. Y oramos: “¡Dios de Vida, condúcenos a la justicia y la paz!” (&111).

IMPORTANCIA DE LA DECLARACIÓN

Juntos por la Vida es el pieza central de la sesión plenaria sobre la misión de la Asamblea general del CMI el 5 de noviembre de 2013 en Busan, Corea. Se está divulgando vigorosamente de una forma general y ecuménica a nivel de iglesias, por ejemplo por una Guía Práctica. Ha sido ya materia de muchos debates incluyendo una consulta con la Iglesia católica y puesta como base de un Seminario Ecuménico Europeo.

Juntos por la Vida será la base para las deliberaciones, resultados y acciones de la nueva CMME, e inspirará los principios y dirección futuros del CMI.  Al igual que la declaración de 1982 que ha servido durante 30 años, el nuevo documento será el punto clave de referencia para quien quiera conocer la manera de enfocar e involucrarse en la misión y evangelización del CMI. Su estudio será probablemente requerido en la formación para la misión de los agentes de las iglesias y en la educación del clero en misión.

En mi opinión, esta nueva declaración sobre la misión y la evangelización es importante en muchos sentidos. He querido atraer la atención sobre su llamamiento global, su atención a los márgenes, su orientación de la Iglesia hacia la misión, y su nítida declaración sobre la evangelización. Además, el hecho de que fuera construida según una estructura explícitamente basada en la pneumatología, la hace única entre los documentos del CMI. La conexión básica del Espíritu con la Vida en toda su plenitud excluye numerosos falsos dualismos que han envenenado la teología de la misión del siglo XX: espíritu contra materia; rectitud contra justicia; inculturación contra liberación; exclusivismo contra inclusión, especialmente en lo que concierne a las otras iglesias; en fin, acción contra espiritualidad. Su referencia a muchos otros espíritus, energías o poderes, añade otra dimensión dinámica y comprometida a la pneumatología, haciéndola verdaderamente misionera. El tema que la recorre completamente, de “asociarse al Espíritu” (&110) a través de un proceso de afirmación y de discernimiento de los numerosos espíritus en nuestro mundo plural (&24-28), es un desarrollo fresco y relevante de la teología de la misio Dei.

Tradujo del francés Laura Espinosa López

 

  Kirsteen Kim, PhD, es profesora de Teología  y Cristianismo en el Mundo en la Universidad de la Trinidad de Leeds. Está especializada en teología e historia de la misión y pneumatología de la misión. Sus publicaciones  recientes  incluyen  títulos como  Mission in the Spirit: The Holy Spirit in Indian Christian Theologies (ISPCK 2003), The Holy Spirit in the World: A Global Conversation (Orbis Books 2007), Joining in with the Spirit: Connecting World Church and Local Mission (SCM Press 2012) y juntamente con Sebastian C.H. Kim, Christianity as a World Religion (Continuum 2008) and A History of Korean Christianity (Cambridge University Press, forthcoming in 2014). Desde 2007-2013 es  vice-moderadora del CMI en el CEI. Ha presidido el grupo encargado de la redacción de la nueva declaración sobre la misión y la evangelización Juntos por la vida que presentó al Comité central de CEI en el 2012. Presentamos este trabajo que fue ponencia en el encuentra del MISAL de Londres del 6-10 de mayo del 2014.

Bajo el título de Conferencia de Edinburgo 1910. Los frutos de las últimas investigaciones y las deliberaciones de la conferencia y su  documento final han sido publicados como Conferencia misionera mundial, 1910, Vols. 1-9 (Edinburgo: Oliphant, Anderson and Ferrier, 1910).  Para el contexto y la historia de la conferencia, ver Brian Stanley, La Conferencia misionera mundial, Edinburgo 1910 (Grand Rapids, MI: Wm B. Eerdmans, 2009).

Consejo Ecuménico de las iglesias, ‘Historia de la Misión mundial y evangelización’, http://www.oikoumene.org/en/who-are-we/organization-structure/consultative-bodies/world-mission-and-evangelism/history.html.

David J. Bosch, Transforming Mission: Paradigm Shifts in Theology of Mission (Maryknoll, NY: Orbis Books, 1991).

Para recientes discusiones sobre los orígenes y significado de la  missio Dei, ver inter alia: Wolfgang Günther, ‘The History and Significance of World Missionary Conferences in the Twentieth Century’, International Review of Mission 92-367 (2003), 521-37; Jacques Matthey, ‘God’s Mission Today: Summary and Conclusions’, IRM 92-367 (2003), 579-87.

Para debates más extensos recientes véase John G. Flett, The Witness of God: The Trinity, Missio Dei, Karl Barth, and the Nature of Christian Community (Grand Rapids, MI: Wm B. Eerdmans, 2010).

Originalmente fue conocido como la División para la Misipon y Evangelización mundial. Cf. Consejo Ecuménico de las Iglesias, ‘History of World Mission and Evangelism’, http://www.oikoumene.org/en/who-are-we/organization-structure/consultative-bodies/world-mission-and-evangelism/history.html.

Edinburgo 2010 website, www.edinburgh2010.org. Los estudios del Edinburgo 2010 han continuado con una serie de más de 20 volúmenes  sobre la misión, publicados por Regnum Books International, Oxford. See http://www.ocms.ac.uk/regnum/list.php?cat=3.

CMI/ WCC, Mission and Evangelism: An Ecumenical Affirmation, in Jacques Matthey (ed.), ‘You Are the Light of the World’: Statements on Mission by the World Council of Churches 1980-2005 (Geneva: WCC, 2005), pp. 4-38.

Jacques Matthey, Preface to Mission and Evangelism: An Ecumenical Affirmation, in Matthey, ‘You Are the Light of the World’.

Historia del CME /CWME, http://www.oikoumene.org/en/what-we-do/cwme/history [accessed 1 March 2014].

Cf. Kirsteen Kim, ‘Edinburgh 1910 to 2010: From Kingdom to Spirit’, Journal of the European Pentecostal Theological Association 30/2 (2010), 3-20.

Comenzando con  Gustavo Gutiérrez, We Drink from Our Own Wells: The Spiritual Journey of a People (Maryknoll, NY: Orbis Books, 1984 [1983]).

Comisión sobre Fe y Orden, The Nature and Mission of the Church (Geneva: Consejo Mindial de las iglesias, 2005). Asequible en  http://www.oikoumene.org/en/resources/documents/wcc-commissions/faith-and-order-commission/i-unity-the-church-and-its-mission/the-nature-and-mission-of-the-church-a-stage-on-the-way-to-a-common-statement. Ver también  Kirsteen Kim, ‘Mission Theology of the Church’, International Review of Mission 99/1 (Apr 2010), 39-55, y otros artículos  en este número  que recogen el relato  de la consulta conjunta entre el CWME  y la Comisión de Fe y Orden.

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