VOCACIÓN Y MISIÓN DEL FIEL LAICO
A LA LUZ DE LA EXHORTACIÓN APOSTÓLICA POST-SINODAL
CHRISTI FIDELES LAICI

JOSEPH CLEMENS*

 INTRODUCCIÓN

Como es sabido, el otrora profesor de teología, después Cardenal Joseph Ratzinger, y ahora Papa emérito Benedicto XVI, tiene una habilidad especial para tratar los problemas que “quedan en el aire”: temas que son realmente insoslayables e importantes para la teología y la práctica pastoral y que requieren, además, ulterior investigación y una respuesta a fondo . Pienso que basta comparar algunos títulos de sus obras teológicas, filosóficas y sociopolíticas en los cuarenta últimos años y el tiempo específico de esas publicaciones, para poner de relieve su exquisita sensibilidad en el abordaje de esos temas .

Como profesor en Frisinga, Baviera, Joseph Ratzinger tocó por primera vez, según me consta, en su reseña de la obra de Yver Congar (OP), “Lay People in the Church” . Ya en 1958 prevé los puntos centrales que necesitan reforma, tanto en “teoría como en la práctica”, del laicado católico en el aquel período. Entre los temas contemplados figuran el cambio de estatus de la persona laica (su “madurez”); la falta del correspondiente desarrollo teológico (respecto al lugar teológico y eclesial del laicado); la necesidad de distinguir claramente entre el sacerdocio común y el sacerdocio ministerial; el carácter secular del laicado, y la necesidad de una espiritualidad laical.

Tres años después, siendo profesor en la Universidad de Bonn, contribuye de manera muy original con un artículo sobre eclesiología en un prestigioso diccionario teológico alemán: Lexikon fürTheologie und Kirche. Respecto al lugar eclesial de la persona laica, afirmó: “La posición de la persona laica no se define por algún tipo de servicio de importancia secundaria, sino por el hecho de que él o ella lleva el misterio de Cristo, el signo salvífico de la Iglesia al mundo, haciéndolo siempre presente en nuevas situaciones, en obediencia a la llamada de Dios” .

Veintiséis años después, es muy luminosa para nuestro tema la alocución del Cardenal Ratzinger como Presidente de la Congregación de la Doctrina de la Fe durante la

* Obispo Titular de Segarme,  Secretario del Pontificio Consejo para los Laicos.
Séptima Asamblea General del Sínodo de Obispos. El Sínodo de 1987 trató sobre la vocación y misión del fiel laico y proporcionó los puntos básicos de trabajo para la Exhortación Post-sinodal Christi Fideles Laici del beato Papa Juan Pablo II.

Su primera alocución tuvo lugar durante la primera congregación general de la Asamblea Sinodal (Octubre 1, 1987). Habló sobre el trabajo de la Comisión para preparar el Catecismo de la Iglesia Universal, que él dirigió. Plenamente consciente de la necesidad de un “válido” y “actual” punto de referencia en el trabajo catequético, entendemos la necesidad vital de formar al laicado católico. Y el catecismo es un instrumento privilegiado para la educación de la fe.

La segunda alocución del cardenal teólogo al Sínodo tuvo lugar al final de su primera semana (Octubre 6, 1987). Al tratar del significado de la palabra “laico” dirige su atención a la cuestión fundamental de la identidad y dignidad del fiel laico. (Omito su tercera alocución (Octubre 29, 1987), en la que el Cardenal, como presidente del mencionado comité, informó a la Asamblea del Sínodo de los últimos acontecimientos referentes al caso del arzobispo Marcel Lefebvre.

Por su misma sensibilidad como teólogo,  Cardenal y Papa Emérito, me gustaría que sus pensamientos nos acompañaran durante la reflexión de algunos puntos cruciales de la Exhortación Apostólica Christifideles Laici. Y podemos preguntarnos: como teólogo y pastor ¿qué avances teológicos esperó Joseph Ratzinger del Magisterio de la Iglesia en este campo?

Tenemos aquí una especie de “trilogía” en relación a algunos temas clave:

  • El misterio de la Iglesia como comunión
  • La vocación y misión del laicado
  • Los dos desafíos más urgentes del fiel laico en Asia.

Antes de tratar estos tres aspectos, yo diría que la Christifideles Laici es para nuestro dicasterio como una “carta magna” o “manual” para el apostolado laico. Su valor, de largo aliento, puede resumirse así: “Primero, proporciona un resumen orgánico de las enseñanzas del Concilio Vaticano II sobre el laicado, a la luz del Magisterio posterior y de la práctica de la Iglesia. Segundo, en su aproximación a los nuevos movimientos y cuestiones surgidas después y como resultado del Concilio, requiere un delicado y necesario discernimiento en relación a experiencias, tendencias y formas de participación laical que caracterizaron el primer período conciliar. Tercero, da nuevas indicaciones para “suscitar y alimentar una más decidida toma de conciencia del don y de la responsabilidad que todos los fieles  laicos… tienen… en la comunión y misión de la Iglesia (ChL. 2)”

Merece la pena subrayar las constantes referencias de la Christifideles Laicia la alegoría de la vid y de los trabajadores de la viña (cf. Mt 20, 1-2; Jn 15, 1-11), imagen que se usa para expresar la identidad y dignidad de la vocación y misión del laicado, con subyacentes aspectos positivos de vitalidad, unidad, fecundidad, belleza, con todo lo que tiene de atracción el ser y la vida de un cristiano”

Es indudable que el Concilio Vaticano II es el acontecimiento más importante en la teología reciente y en la subsiguiente práctica de laicado , hasta tal punto que algunos autores lo llaman “el Concilio del Lacado”. No olvidemos que en este Concilio, por primera vez en la historia de la Iglesia, participaron personas laicas como observadoras y que también, por primera vez, el laicado fue el “objeto” de reflexión y el tema específico de un documento conciliar.

Por eso es necesario tener en cuenta los textos conciliares que han guiado los avances teológicos, y son todavía un punto de referencia para la teología y sus prácticas aplicaciones en la vida del laicado católico en nuestros días.

Después del gran salto del Concilio Vaticano II, el Sínodo de Obispos de 1987 da otro importante paso, al evaluar la experiencia personal y comunitaria de toda la Iglesia en los veintidós años pasados, a fin de promover y consolidar la correspondiente práctica de la Iglesia. Esta es la meta última de la Christifideles Laici: animar a todos los fieles laicos a “sentir con más fuerza su responsabilidad de obedecer al mandato de Cristo: “Id por todo el mundo y proclamad la buena noticia a toda la creación” (Mc 16, 15), renovando su empuje misionero”

LA ECLESIOLOGÍA DE COMUNIÓN

El número 8 de la Christifidels Laicies la referencia para nuestra reflexión. “Solo dentro de la Iglesia como misterio de comunión se revela la “identidad” de los fieles laicos, su original dignidad. Y sólo dentro de esta dignidad se pueden definir su vocación y misión en la Iglesia y en el mundo”

El entonces Presidente del Consejo para los Laicos, Cardenal Pironio, al presentar en conferencia de prensa la Christifideles Laici, terminó su discurso preguntando por la “novedad” de la Exhortación Post-Sinodal: “Aquellos que buscan cosas nuevas o soluciones concretas en el documento pueden quizás sentirse defraudados… Pero la real y profunda novedad es ésta: el documento estructura el tema del laicado en una auténtica eclesiología de comunión. Los fieles no están aislados o separados, sino en el amplio contexto de una Iglesia que es esencialmente “comunión en Cristo” (LG 1) y al mismo tiempo “sacramento universal de salvación” (LG 48)”

La exhortación Christifideles Laici hace suyas las palabras del reporte final del Sínodo Extraordinario de los Obispos en 1985, diciendo que la  eclesiología  de comunión del Concilio Vaticano II es “la idea central y fundamental de los documentos conciliares.

Christifideles Laici describe la comunión de los fieles con Cristo por medio de la imagen de la vid: “Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el viñador…Permaneced en mí, y yo en vosotros” (Jn 15, 1-4). Estas sencillas palabras revelan el misterio de comunión que sirven de lazo de unión entre el Señor y sus discípulos, entre Cristo y la persona bautizada: una comunión viva y vivificante…La comunión de los cristianos entre si nace de su comunión con Cristo”

Esta “koinonia-comunión” es la unión con Dios, por medio de Jesucristo, en el Espíritu Santo. Esta comunión  tiene lugar en la palabra de Dios y en los sacramentos. El bautismo es la puerta y el fundamento de la comunión en la Iglesia. La eucaristía es fuente y culmen de toda la vida cristiana (Cf. Lumen Gentium, n. 11).

Siguiendo la enseñanza del primer número de la Constitución Dogmática Lumen Gentium, la exhortación Christifideles Laici afirma: “La realidad de la Iglesia-comunión es entonces parte integrante, más aún, representa el contenido central del “misterio”, o sea, del designio divino de salvación de la humanidad.” Citando las palabras del Papa Pablo VI, Christifideles Laici desarrolla el concepto de Iglesia-comunión, especialmente como comunión de los santos: “Y comunión de los santos quiere decir  una doble participación vital: la incorporación de los cristianos a la vida de Cristo, y la circulación de una idéntica caridad en todos los fieles, en este y en el otro mundo. Unión a Cristo y en Cristo; y unión entre los cristianos dentro de la Iglesia”

La Iglesia-Comunión es una “comunión “orgánica”, caracterizada por la diversidadcomplementariedad de las vocaciones y condiciones de vida, de los ministerios, de los carismas y de las responsabilidades” “Gracias a esta diversidad y complementariedad, cada fiel laico se encuentra en relación con todo el cuerpo y le ofrece su propia aportación.” Christifideles Laici señala que el Espíritu Santo es el dinamismo y la fuerza de unidad en la Iglesia”.

Inmediatamente después del Concilio, en una reflexión sobre la estructura del Vaticano II, el teólogo Ratzinger señala el punto de partida de una teología renovada del laicado en el más amplio contexto de una renovación de la teología y de la liturgia. “Tendremos que seguir distinguiendo entre una persona laica y un sacerdote, entre religioso y no religioso: hay diferentes funciones y diferentes caminos en la Iglesia, y una cosa no es la otra. Ponerlo todo en el mismo nivel no solo sería falso, sino insensato. Sin embargo, el Concilio ha producido una apertura en este sector, que representa una parte de la nueva apertura de la Iglesia misma… La liturgia cristiana significa…la comunitaria adoración de Dios por parte de todos los bautizados cuando se sientan a la mesa con el Señor Resucitado…Tiene, en este caso, la característica de incluir a todos: todos, aunque con funciones diferentes, son sujetos, porque todos forman parte del cuerpo del Señor…Pienso que la renovación de la teología del laicado y de la liturgia tiene que arrancar de aquí, de la renovación de la teología misma y de la realidad de la liturgia, que no es solo privilegio del clero, ni algo que haya que guardar en la caja de vidrio de su invaluable pasado, sino que es en su misma esencia una liturgia, un culto universal”.

La exhortación apostólica responde a una de las mayores preocupaciones del Cardenal Ratzinger, como es reducir la dignidad de la actividad laical únicamente a tareas dentro de la estructura de la Iglesia. Citando el Derecho Canónico,  dice: “Sin embargo, el. ejercicio de estas tareas no hace del laico un pastor. En realidad, no es la tarea lo que constituye el ministerio, sino la ordenación sacramental… La tarea realizada en calida de suplente tiene su legitimación, formal e inmediatamente, en el encargo oficial hecho por los pastores, y depende, en su concreto ejercicio, de la dirección de la autoridad eclesiástica” (Cf. AA 24).”

Las indicaciones del documento post-sinodal son muy claras: “Los diversos ministerios, oficios y funciones que los fieles laicos pueden desempeñar legítimamente en la liturgia, en la transmisión de la fe y en las estructuras pastorales de la Iglesia deberán ser ejercitados en conformidad con su específica vocación laical, distinta de aquella de los sagrados ministros”

Christifideles Laici expresa un vivo aprecio a “la colaboración de los fieles laicos, hombres y mujeres, a favor de la evangelización, de la santificación y de la animación de las realidades temporales, como también su generosa disponibilidad a la suplencia en situaciones de emergencia”, como ha sido y siendo el caso en algunas partes de Asia, donde son notables los esfuerzos de innumerables laicos catequistas.

Después de la experiencia del segundo período conciliar, el teólogo Ratzinger sugirió al Sínodo que guiara a la Iglesia más en línea con el capítulo 12 de la Primera Carta de Pablo a los Corintios, y este deseo se cumple admirablemente en el número 20 de Christifideles Laici

Más aún, las aclaraciones teológicas y explicaciones de la terminología en el número  23 con relación al peligro de una “clericalización” del laicado, adquirió pleno consenso.

LA VOCACIÓN DEL FIEL LAICO

1. La identidad y dignidad del laicado

El Cardenal Ratzinger sentó una premisa fundamental en su segunda alocución en el Sínodo de 1987: “Para que esta discusión sea fructífera, es necesario definir claramente todo el peso del concepto “laicado”.

Siendo todavía joven teólogo profundizó en una terminología más precisa, y esperó encontrar una rica y positiva descripción del “laico fiel” que superara la negativa descripción de alguien que simplemente no es sacerdote o no religioso.

¿Quiénes son, por tanto, fieles laicos, cuál es su identidad y dignidad, su vocación y misión, según la Exhortación Post-Sinodal?

Christifideles Laici (n. 9) responde a esta cuestión citando el n. 31  de la Lumen Gentium: “Por el nombre de  laicos se entiende aquí todos los fieles cristianos, a excepción de los miembros que han recibido un orden sagrado y los que están en estado religioso reconocido por la Iglesia, es decir, los fieles cristianos que, por estar incorporados a Cristo mediante el bautismo, constituidos en pueblo de Dios  y hechos partícipes a su manera  de la función sacerdotal, profética y real  de Jesucristo, ejercen por su parte, la misión de todo el pueblo cristiano en la Iglesia y en el mundo”.

Esta es una típica descripción que contiene varios elementos. El laico cristiano se distingue – en sentido positivo – como (1.) un miembro activo en el Pueblo de Dios, (2) partícipe en la misión de toda la Iglesia y como (3.)  conjuntamente responsable de la Iglesia. El laico cristiano – en sentido negativo- es (4.) no ordenado y no-religioso. Por su específica naturaleza, el laico es una persona (5.) comprometida en los asuntos temporales, rasgo éste que define su particular vocación en la iglesia y en el mundo. Su principal tara es dar testimonio con su vida (6.), para hacer a Cristo visible en el mundo, (7.) a fin de impregnar el mundo con su Espíritu y ordenarlo según su voluntad.

Por esta razón, el primer paso para entender la identidad y dignidad del fiel laico es valorar los sacramentos de la iniciación cristiana, especialmente el Bautismo , que describe la “figura” de la persona laica en virtud de estos tres aspectos fundamentales: “El bautismo nos regenera a la vida de los hijos de Dios; nos une a Jesucristo y a su cuerpo, que es la Iglesia; nos unge en el Espíritu Santo, constituyéndonos en templos espirituales”

Christifideles Laici habla en términos muy claros de significado y propósito de la existencia del laico cristiano: “No es exagerado decir que toda la existencia del fiel laico
 tiene como objetivo llevarlo a conocer la radical novedad cristiana que deriva del bautismo, sacramento de la fe, con el fin de que pueda vivir sus compromisos bautismales según la vocación que ha recibido de Dios”

La participación de los fíelos laicos en el triple oficio de Cristo Sacerdote, Profeta y Rey tiene su raíz primera en el bautismo. Por la común dignidad bautismal, el fiel laico es corresponsable, junto con los ministros ordenados y con los religiosos y religiosas, de la misión de la Iglesia. El carácter secular es propio y peculiar de los laicos , como así lo expresó también el Concilio Vaticano II

La identidad y acción del fiel laico no hemos de considerarla solo desde el punto de vista antropológico o social, sino a la luz de la teología y de la eclesiología.

El mundo se convierte en el ámbito y el medio de la vocación cristiana de los fieles laicos. Los Padres Sinodales afirmaron  que este carácter secular debe ser entendido  a la luz del acto creador y redentor de Dios, que ha confiado el mundo a los hombres y mujeres, para que participen en la obra de la creación El número 15 de la Christifideles Laicilo resume así: “La condición eclesial de los fieles laicos se encuentra radicalmente definida por su novedad cristiana y caracterizada por su índole secular.

Por eso, la renovación de la autoconciencia y compromiso del fiel laico tiene su origen en la fuente de la existencia cristiana. Muchas personas bautizadas han olvidado o no han reparado en esta fundamental “novedad” y esta “específica diferencia” en sus vidas. Vuelve a resonar en nuestra mente la célebre exhortación del Papa san León Magno: “Reconoce, cristiano, tu dignidad”

Para entender bien lo que significa ser cristiano, hemos de ser cada vez más conscientes de que ser bautizado no es lo mismo que pertenecer a un “club” o a una organización internacional, ni tampoco es comparable a la “membresía” en otras religiones. Sabemos que estas formas de membresía se basan en “algún interés común” o en el hecho de haber nacido en determinado territorio o de padres que pertenecen a determinada religión. La enseñanza o redescubrimiento de los sacramentos de la iniciación cristiana es una necesidad mucho más apremiante para las “antiguas” y “nuevas” iglesias particulares.

Estoy firmemente convencido de que la Christifideles Laici, con su rica y profunda descripción de la identidad y dignidad del laico, ha llenado plenamente las expectativas del teólogo Joseph Ratzinger.

2.La vocación a la santidad

El primero y más fundamental aspecto de la vocación del laico a la santidad es la “perfección de la caridad”, Y esta llamada divina que “el Padre dirige a todos en Jesucristo por el Espíritu” revela su verdadera dignidad. Todos los miembros de la Iglesia reciben de Dios la misma vocación a la santidad, inseparable de su dignidad como bautizados, vocación a la plena vida de Cristo y a la perfección de la caridad en su estado particular de vida.

La Christifideles Laici señala las consecuencias “concretas” de esta vocación, haciendo referencia a la carta a los Colosenses (cf. 3, 17) como lo hace el número 4 del decreto del Vaticano II sobre el apostolado de los seglares, Apostolicam Actuositatem: “Nada en su vida debe ser ajeno a la orientación espiritual”. Y añaden los Padres Sinodale: “La unidad de vida de los fieles laicos tiene una gran importancia. Ellos, en efecto, deben santificarse en la vida profesional y social ordinaria. Por tanto, para que puedan responder a su vocación, los fieles laicos deben considerar las actividades de la vida cotidiana como ocasión de unión con Dios y de cumplimiento de su voluntad, así como también de servicio a los demás hombres, llevándoles a la comunión con Dios en Cristo”
Según la exhortación Christifideles Laici, el deber de los laicos de dar testimonio está íntimamente ligado al oficio profético de Cristo: “En concreto les corresponde testificar cómo la fe cristiana – más o menos conscientemente percibida e invocada por todos-  constituye la única respuesta plenamente válida a los problemas y expectativas que la vida plantea a cada hombre y a cada sociedad.  Una y otra vez el Magisterio de la Iglesia llama a los fieles a hacer una síntesis vital entre fe y deberes de la vida diaria, y a sentir la urgente necesidad de dar un testimonio coherente con su vida.

Este es un momento propicio para recordar la breve “definición” de fiel laico que el entonces Cardenal Ratzinger dio al final del  Sínodo de 1987: “La persona laica es un cristiano bautizado que de forma activa toma a pecho su ser cristiano, viviendo realmente y cumpliendo su profesión específica en el mundo donde él está situado como cristiano”

Christifideles Laici ve esta vital santidad del laico, que emana de su participación en la santidad de la Iglesia, como su contribución principal en la edificación de la Iglesia, “comunión de los santos”.  La santidad es la primera y fundamental condición para realizar la misión salvadora de la Iglesia.

Todos nosotros podemos dar fe en nuestras sociedades inmersas en el consumismo y dominadas por los medios de comunicación – en Oriente o en Occidente- sobresaturadas de palabras e imágenes, que la integridad personal es decisiva en la transmisión de la fe. La necesidad de una vida coherente puede llevar, en casos extremos, al mayor y más supremo testimonio del martirio, como nos lo demuestran los mártires de Corea del siglo XIX.

LA MISIÓN DEL FIEL LAICO

1. Anunciar y vivir el Evangelio

Retomando la imagen de la vid y los sarmientos, la exhortación enfatiza la necesidad de que los cristianos den fruto y considera que la comunión con Cristo, que genera comunión con los otros, es un requisito esencial.
La Iglesia como comunión es, por su misma naturaleza, una comunidad misionera, conducida por el Espíritu: “Ahora bien, la comunión genera comunión, y esencialmente se configura como comunión misionera…La comunión y la misión están profundamente unidas entre sí, se compenetran y se implican mutuamente, hasta tal punto que la comunión representa a la vez la fuente y el fruto de la misión: la comunión es  misionera y la misión es para la comunión”

El Espíritu Santo envía a los discípulos de Cristo a llevar el Evangelio a todos los confines de la tierra (cf. He 1, 8). Por su parte, la Iglesia sabe que la comunión, que le ha sido entregada como don, tiene un destino universal. De esta manera, se siente deudora respecto de la humanidad entera y de cada hombre, del don recibido que derrama en los corazones de los creyentes la caridad de Jesucristo, fuerza prodigiosa de cohesión interna y, a la vez, de expansión externa.

La tarea prioritaria y fundamental de la Iglesia como comunión es anunciar el Evangelio. Ratzinger, comentando en 1967  el número 2 del decreto conciliar Apostolicam Actuositatem afirma con una gran visión “La vocación cristiana… es por su misma naturaleza una vocación al apostolado. (Esta vocación) implica la comprensión básica de la existencia y del dinamismo cristiano. La misión no puede considerarse como pura actividad externa, impuesta superficialmente por un Cristianismo estático: Ser cristiano significa salir de si mismo, por su impronta misionera y, por consiguiente, ha de expresarse –siempre y en todo verdadero creyente- como una actividad externa, puesta en movimiento para satisfacer su más profunda naturaleza”

Citando el número 10 de Apostolicam Actuositatem, la exhortación Christifideles Laici encomienda de manera especial a los laicos dirigirse “hacia los no creyentes” e indica una  sistemática catequesis como camino para alcanzar esta meta Anunciando el Evangelio los fieles laicos participan en la tarea principal de la Iglesia, construyendo así la comunidad de una “fe confesada en la adhesión a la palabra de Dios, celebrada en los sacramentos, y vivida en la caridad como alma de la existencia moral cristiana.”

El mismo Ratzinger, con su característica intuición, dice en la entrevista citada: “Esta es precisamente  la tarea del laico en los  círculos profesionales de una sociedad: actuar como cristiano impulsando en ellos un ethos inspirado por la fe.”
El cristiano lleva un mensaje al mundo y un estilo de fe que el mundo no puede entender con sus propias fuerzas. Ambos aspectos tienen el potencial y la fuerza para transformar los principios y modelos de una vida que es totalmente “del mundo éste”.

Christifideles Laici enfatiza que este mensaje cristiano despierta a la humanidad para que tome conciencia de la verdadera naturaleza y significado de su existencia. Por este “carácter secular” los fieles laicos juegan un papel insustituible en el servicio a la familia humana. Una auténtica vida cristiana es un servicio a toda la humanidad y a todos los aspectos de la sociedad.”.

Christifideles Laici enumera los siguientes campos de acción: promover la dignidad de la persona; proteger el inviolable derecho a la vida; respetar la  libertad religiosa y la familia como el ámbito básico del compromiso social; la caridad como inspiración y apoyo de la solidaridad;  primer campo en el compromiso social; el deber del compromiso político; la centralidad de la persona humana en la vida económico-social; la evangelización de la cultura y las culturas del hombre.

En este sentido, el Profesor Ratzinger – ya en 1970- vio en la asociación (“Unión para la Protección de Mujeres Jóvenes”) un modelo de responsabilidad y libertad laica. Dijo que esta iniciativa “…reconoce una necesidad que es intrínseca a la fe y la realiza diligentemente en libertad… La persona laica muestra su propia libertad y requerimientos haciendo lo que la Iglesia tendría que hacer, eso que es de hecho necesario, pero que solo puede acontecer si se hace libremente, por propia iniciativa.”

En su entrevista de 1987, el entonces Cardenal pone de relieve las motivaciones de los laicos que deben inspirarse en el Sínodo: “un nuevo estímulo para vivir la vida cristiana en el mundo actual y una incitación para alegrarse en su fe. Estos sínodos no pretenden impresionar al mundo con largos documentos, sino formar cristianos conscientes por medio de un intercambio entre los obispos, tarea que tendrán que seguir implementando en sus diócesis. Todo cristiano es un sujeto vivo y activo de la fe, y da testimonio de ella en el mundo. Tenemos que entender la naturaleza unificadora de la fe que nos une a todos en una gran familia y la personal  e individual tarea que incumbe a todo cristiano. Ningún sínodo puede imponer a nadie esta tarea. Solo puede animar a todos a asumirla.”

3.La misión en el mundo

La exhortación Christifideles Laici presta atención a un malentendido que se produjo en el período post-conciliar y que el teólogo Ratzinger hizo todo lo posible por rectificar. Este malentendido es una tendencia a la “clericalización” del laico, entendida como una “preocupación” por las funciones y tareas internas de la Iglesia, en detrimento de su “secular” compromiso.

Tomando como ejemplo la Iglesia germano-parlante, la discusión teológica y las prácticas derivadas de ella manifiestan una tendencia a sucumbir con frecuencia a esta tentación. Una mirada a las innumerables publicaciones de aquel período basta para mostrar cómo esta participación  se entendió no pocas veces como participación en servicios “internos”, tales como consejos parroquiales y comisiones, el derecho a participar en las decisiones jerárquicas y en la administración de los bienes de la Iglesia. Las reiteradas peticiones de   participación en la toma de decisiones y la reivindicación de aprobar las decisiones de la autoridad de la Iglesia muestran claramente esta mentalidad.

El teólogo Ratzinger ya en 1970 afirmó: “Hablar de (un cierto tipo de) teología del laicado es una total contradicción en los términos. La persona laica es persona laica o no. Una teología de la persona laica – entendida como lucha para tener parte en el gobierno de la Iglesia – es una farsa incluso si este malentendido está encubierto por la idea de conducir la Iglesia al estilo conciliar.”

La exhortación Christifideles Laici insiste en la distinción entre la única misión de la Iglesia, el ministerio de los pastores de la “naturaleza laical” de los diferente oficios eclesiásticos y las funciones encomendadas a los laicos, teniendo en cuenta el bautismo como la raíz de estos deberes. Incluso una actividad de tiempo completo en el servicio de la Iglesia no cambia el estado de vida de  la persona laica, y esto tendría que estar claro en la terminología común.

El Cardenal Ratzinger dirige la discusión en otra dirección. “Tenemos que recuperar  al máximo, o ir mucho más lejos para ayudar a todos los cristianos a tomar mayor conciencia de que a un cristiano no se le mide por el número de oficios que desempeña en la Iglesia. Lo que más necesita la Iglesia son cristianos que vivan en el mundo, no como empleados, sino como individuos libres. De lo que se trata es que cada uno entienda su responsabilidad como cristiano no en virtud de las normas, sino según el dinamismo del mismo ser cristiano. El cristiano no debe usar como vara de medir su grado de compromiso en el ámbito institucional. La medida real ha de ser la fuerza de la fe que tiene en si mismo.”

4. Formas de compromiso laical

Estas reflexiones nos llevan a la cuestión de los caminos para participar el laico en la vida de la Iglesia. Es importante notar que todo cristiano tiene la libertad de escoger el camino de su compromiso personal en la Iglesia. Sin embargo, su primer e indispensable deber consiste en dar testimonio en su vida familiar, social y profesional.

Entre las áreas posibles de participación, el primer lugar es la parroquia, porque ella es la expresión más inmediata y visible de comunión eclesial. “La parroquia no es principalmente una estructura, un territorio, un edificio; ella es”la familia de Dios, como una fraternidad animada por el Espíritu de unidad”, es “una casa de familia, fraterna y acogedora”, es “la comunidad de los fieles” “En definitiva, la parroquia está fundada sobre una realidad teológica, porque ella es una comunidad eucarística Por esta razón, el primer y fundamental compromiso del laico es participar activamente en la comunidad eucarística.

Christifideles Laici recomienda encarecidamente una participación personal  en la vida de la parroquia, por ejemplo en los servicios litúrgicos, en la catequesis, o en obras sociales de caridad Sería de esperar que los laicos ayudaran también en estructuras representativas, como los consejos y sínodos pastorales de las parroquias particulares .

Christifideles Laici recuerda que la vocación de cada persona es “única e irrepetible”, para el bien de todos, es decir, de toda la comunidad eclesial. En el apostolado del laico, el anuncio del evangelio es personal, constante e incisivo

Echemos una mirada a las formas asociadas de participación laical, que son de alguna manera una forma “cualificada” de colaboración Por el crecimiento y desarrollo de los movimientos y de nuevas comunidades eclesiales (“la nueva época de asociaciones”), merece especial atención la enseñanza del Concilio sobre la forma asociada del compromiso laical.  El número 18 de Apostolicam Actuositatem dice: “Como los cristianos son llamados a ejercer el apostolado individual en diversas circunstancias de la vida, no olviden, sin embargo, que el hombre es social por naturaleza y que agrada a Dios  que los  creyentes en Cristo se reúnan en pueblo de Dios…y en un cuerpo…Por consiguiente, el apostolado asociado de los fieles responde muy bien a la exigencias humanas y cristianas, siendo al mismo tiempo expresión de la comunión y de la unidad de la Iglesia en Cristo, que dijo: “Donde estén dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos (Mt 18, 20).” El número 19 de Apostolicam Actuositatem reitera el derecho de los laicos a fundar y dirigir asociaciones.   Christifideles Laici apunta que esta primavera de nuevas realidades eclesiales adopta “formas muy diferenciadas  unas de otras en diversos aspectos, como en su configuración externa, en los caminos y métodos educativos y en los campos operativos. Sin embargo, se puede encontrar  una amplia y profunda convergencia en la finalidad que las anima: la de participar responsablemente en la misión que tiene la Iglesia de llevar el evangelio de Cristo como manantial de esperanza para el hombre y de renovación para la sociedad”

La Exhortación Apostólica muestra también que estas asociaciones corresponden a la naturaleza esencial del hombre, y que el compromiso cristiano adquiere una “entidad social” que permite un mayor y extensivo impacto en la cultura. Además, en una sociedad cada vez más secularizada, una comunidad está mejor capacitada para ayudar a vivir con mayor fidelidad la vida cristiana y a asumir  un compromiso misionero más auténtico.

Esto aparece con mayor claridad en situaciones de cristiandad minoritaria, donde grupos internacionales manifiestan la universalidad de la fe católica, en comunión con la Sede de Pedro. Pero previa a estas consideraciones, es una razón eclesial fundamental la que justifica las asociaciones laicales. Como afirma el número 18 de Apostolicam Actuositatem, las asociaciones laicas son “expresión de la comunión y de la unidad de la Iglesia en Cristo”. Es importante para las nuevas fundaciones tener en cuenta  criterios de eclesialidad, como apunta también el número 30 de la Christifideles Laici.

 DOS TAREAS URGENTES DE LOS FIELES LAICOS EN ASIA

Queridos hermanos y hermanas en Cristo:

Doce años después del sínodo de laicos, la Exhortación Apostólica Ecclesia in  Asia concreta algunos principios de la Christifideles Laici referentes a la situación pastoral del continente Asiático. Subraya en particular dos puntos: la necesidad de ormación y el despertar del compomiso misionero de las personas laicas.

1.La necesidad de una adecuada formación

Para vivir con plenitud su vida cristiana, el fiel laico debe conocer bien su fe. Este principio tiene mayor aplicación donde la Iglesia está en minoría. Nuestra vida de fe no puede contentarse con asistir a misa y a la recepción de los sacramentos. Christifidels Laici ha dedicado todo un capítulo a la formación del laicado, recurriendo de nuevo a la imagen de la vid y los sarmientos: “La llamada a crecer, a madurar continuamente, a dar siempre más fruto”.

El objetivo básico de la formación es entender cada vez con mayor claridad su vocación y  vivirla con más autenticidad. Como camino básico, Christifideles Laici  recomienda la escucha, la oración, la dirección espiritual, el reconocimiento de los dones personales y  estar atentos a los signos de los tiempos. Es importante no quedarse al nivel de un mero conocimiento teórico, sino “conocer más las riquezas del bautismo y de la fe y vivirlas en creciente plenitud” La Exhortación Apostólica propone una vez más la enseñanza conciliar , recuerda a los obispos sus deberes en este campo y destaca muchos aspectos de la formación integral.

La Christifideles Laici insiste en una formación integral porque solo ella puede llevar a la unidad de la fe y a la coherencia entre fe y vida, entre vida como creyente y ciudadano. Entre las áreas de una formación integral y unificada cabe destacar la formación espiritual, doctrinal y social. En relación a lugares y recursos, personas y grupos para esta formación, el documento sinodal enfatiza que el primer educador es Dios y que su trabajo educativo se ha revelado y cumplido en la persona de Jesús y llega a los seres humanos por medio del Espíritu, presente en la Iglesia.

Más aún, la Iglesia universal y el Papa desempeñan un papel insustituible en la educación del laicado. Pero también las iglesias particulares con sus obispos, sacerdotes y parroquias tienen que jugar el suyo. Christifideles Laici recuerda la importante contribución de las pequeñas comunidades, grupos, asociaciones y movimientos en el proceso de la formación de fieles laicos. También es irreemplazable  el trabajo de la familia en la educación, así como el de las escuelas católicas, y universidades.

Hay un aspecto de Christifideles Laici de particular relevancia para el continente Asiático, como es la atención a la cultura local, como afirman los Padres el Sínodo: “La formación de los cristianos tendrá máximamente en cuenta la cultura humana del lugar, que contribuye a la misma formación, y que ayudará a juzgar tanto el valor que se encierra en la cultura tradicional como el propuesto en la cultura moderna.”

Por eso, Ecclesia in Asia (Nº 22) encomienda a los laicos una función decisiva en el proceso de inculturación: “Sobre todo son ellos los llamados a transformar la sociedad, en colaboración con los obispos, clero y religiosos, infundiendo el “pensamiento de Cristo” Cristo” en la mente, en las costumbres, en las leyes y estructuras del mundo secular en que viven. Una amplia inculturación del evangelio en todos los niveles de la sociedad en Asia depende en gran parte de la adecuada formación que las iglesia locales den a los laicos.”

Mencionamos finalmente, tres herramientas claves para la formación del laico: el Catecismo de la Iglesia Católica , el Compendium of the Catechism of the Catholic Church y el Compendium of the Social Doctrine of the Church Estos recursos son de gran ayuda  para afrontar los problemas que requieren reflexión y acción compartidas.

2. La urgencia de un despertar misionero

Además de la necesidad de formación, quiero hacer una breve referencia, por falta de tiempo, a la urgencia de un despertar misionero en Asia.

La exhortación post-sinodal Ecclesia in Asia cita las palabras del Papa Juan Pablo II en la Jornada Mundial de la Juventud en Manila, el año 1995: “Si la Iglesia en Asia quiere alcanzar su providencial destino, la evangelización, como alegre, paciente y progresiva predicación de la Muerte y Resurrección salvadoras  de Jesucristo ha de ser vuestra prioridad absoluta.

No olvidemos que entre los efectos del proceso de globalización sube también el nivel de las convicciones éticas y religiosas. Al parecer, todas las religiones y las variadas propuestas  éticas tienen el mismo valor e idéntico grado de verdad. Si como cristianos tenemos que combatir este “relativismo generalizado”, como fieles laicos tenemos que ser conscientes de nuestra propia identidad y dignidad.

Recordemos que los cristianos no tienen por qué sentirse inferiores, aunque  la mayoría de los países Asiáticos no sean de larga tradición cristiana. En definitiva, las riquezas y la unidad del mensaje cristiano llevan, en medio de todas  las circunstancias “externas”, a una gran alegría “interior” y a una profunda gratitud por el gran don de la fe en Dios.

El entonces Cardenal Ratzinger dijo después del Sínodo de 1987: “La Iglesia vive sobre todo de la alegría que los cristianos sienten de ser tales y por eso la Iglesia tiene necesidad de ellos”.”

Cuando se vive en minoría, la unidad de vida produce otro efecto: la integridad personal de los cristianos contribuyen a construir puentes y relaciones recíprocas, colaborando así a vivir juntos en pacífica armonía.

Abrigamos la convicción de que “nunca está solo el creyente” La persona creyente vive siempre en una comunidad de creyentes, lejos y cerca. Christifideles Laici habla de un “vínculo vivo, esencial y constante” que une a las Iglesias particulares con la Iglesia universal. Es como la conciencia de respirar en un mismo aliento compartido la “catolicidad”.

En la Iglesia, donde es minoría, son una oportunidad las variadas formas de asociación laicales. Además de razones eclesiales y de otra índole para su existencia – como la dimensión social de la persona- estas formas asociadas proporcionan eficaces medios de acción – especialmente válida en una sociedad plural y fragmentada, donde son poco numerosos los fieles, porque ayudan a la formación integral y permanente del laicado.

Parece que la amplia aceptación de asociación laical por parte de este teólogo, Cardenal y ahora Papa Emérito, puede explicarse no solo por su positiva valoración, fruto del Concilio Vaticano II, sino también por la esperanza de que es producto de un nuevo estilo de fraternidad cristiana. En un librito publicado en 1958, el joven profesor de teología dogmática y fundamental en Frisinga, presenta la fraternidad cristiana como un principio básico de la comunidad eclesial que es fuente de vida, y tiene consecuencias decisivas para la vida parroquial y para todos los grupos eclesiales. Uno de los “grandes proyectos” de Joseph Ratzinger es animar y apoyar estos nuevos movimientos de fraternidad cristiana, fermento en la masa, y comprometidos en la obra de evangelización.

Queridos hermanos y hermanas en Cristo

Quiero finalizar este largo análisis con una mirada retrospectiva a las primeras comunidades cristianas. Christoph Markschies, protestante,  profesor ordinario de Historia de la Iglesia Antigua en la Universidad Humboldt de Berlín, escribió hace unos años un libro titulado ¿Cómo sobrevivió la Iglesia en la antigüedad? El autor responde a la pregunta con siete razones históricas,  independientemente de cualquier  acción o asistencia “divina”.

Pienso que la primera razón que da está directamente relacionada con nuestro tema. El punto de partida de Markschies es la gran “impresión” que los primeros cristianos causaron  a los no-cristianos, como lo pone de manifiesto el hecho de la excepcional credibilidad personal de cada cristiano en un mundo no-cristiano. El autor apunta especialmente al “efecto personal inmediato” que produjeron mártires, misioneros, monjes y obispos” . Según su tesis, la fuerza convincente de la fe cristiana consistió en una única y común dinámica, expresada y reconocida en el testimonio compartido de cada cristiano, pastor o laico, una fe vivida plenamente sin condiciones ni reservas. A propósito de esto, dice Ratzinger: “La comunidad de vida de la Iglesia invitaba a otros a participar en su vida, en ella se revelaba su verdad y de ella brotaba esta vida”

El año 2005, poco antes de ser elegido Papa, el Cardenal Ratzinger terminó una conferencia en Subiaco con una clara invitación a ser testigos y a formar parte de esta  minoría creativa: “Sobre todo, lo que más necesitamos en este momento es de hombres y mujeres que, con su fe viva y radiante, hagan a Dios creíble en este mundo”. El testimonio negativo de cristianos que hablan de Dios, pero viven contra él, ha oscurecido la imagen de Dios y abierto la puerta a la incredulidad. Necesitamos hombres con su mirada puesta en Dios para entender a la humanidad actual. Necesitamos hombres cuyas mentes estén iluminadas por la luz de Dios y cuyos corazones estén abiertos a él, para poder abrir los corazones de los demás”.

Queridos hermanos y hermanas en Cristo:

La Exhortación Apostólica Christifideles Laici es todavía “joven”, bien fundamentada teológicamente y de rico contenido para la vocación y misión del laicado en la Iglesia y en el mundo. Estoy seguro de que las expectativas y esperanzas del teólogo Joseph Ratzinger y del Magisterio de la Iglesia están plenamente satisfechas y avaladas por las enseñanzas post-conciliares y por la Exhortación Post-Sinodal Christifideles Laici. De nosotros depende ahora implementar estas reflexiones y hacerlas  vida en nuestras iglesias locales, en nuestras familias, en nuestros lugares de trabajo, en nuestro tiempo de ocio, en nuestra parroquia y en los movimientos eclesiales y nuevas comunidades.

Tradujo del inglés: Teodoro Nieto


ChL. 32; 35.

J. Ratzinger, Dichiarazioni del concilio sulla missione fuori del decreto sull´attività missionaria della Chiesa, en: J. Ratzinger, Il nuovo popolo di Dio. Questioni ecclesiologiche, Editrice Queriniana, 4ª ed., Brescia 1992, 405-434, 418.

Cf. ChL; Exhortación Apostólica de Juan Pablo II “Ecclesia in Asia”sobre Jesucristo Salvador y su misión de amor y de servicio en Asia”… para que tengan vida y vida en abundancia” (Jn 10, 10). Noviembre 9, 1999, Tipografía Vaticana, Ciudad del Vaticano 1999, (=Enchiridion Vaticanum, Documenti ufficiali della Santa Sede, vol. 18, Edizioni Dehoniane, Bologna 2002, 1226-1309, (=EA, n. 45.

ChL 33: “Los fieles laicos, precisamente por ser miembros de la Iglesia, tienen la vocación y misión de ser anunciadores del evangelio: son habilitados y comprometidos en esta tara por los sacramentos de la iniciación cristiana y por los dones del Espíritu Santo”.

ChL 33

Ratzinger, Ohne Amt 24

Cf. ChL 36: “Acogiendo y anunciando el evangelio con la fuerza del Espíritu, la Iglesia se constituye en comunidad evangelizada y evangelizadora  y, precisamente por esto, se hace sierva de los hombres. En ella los fieles laicos participan en la misión de servir a las personas y a la sociedad.”

Cf. ChL 37-44

J. Ratzinger, Le basi antropologiche della fraternità, en: J. Ratzinger, Dogma e predicazione, Colección : Biblioteca di teologia contemporanea 19, Editrice Queriniana, Brescia 1973, 200-212. (= J. Rartzinger, Gesammelte Schriften, Kirche unter den Völkern, vol, 8/1, Verlag, Freiburg  im Breisgau 2010, 105-118).

Ratzinger, Le basi antropologiche 207.

Ratzinger, Ohne Amt 24.

Cf. Ratzinger, Le basi antropologiche 206; Ratzinger, Ohne Amt 24.

Cf. ChL 2: “…la tentación de reservar un interés tan marcado por los servicios y tareas eclesiales, de tal modo que frecuentemente se ha llegado a una práctica dejación de sus responsabilidades específicas en el mundo profesional, social, económico, cultural y político; y la tentación de legitimar la indebida separación entre fe y vida, entre la acogida del evangelio y la acción concreta en las más diversas realidades temporales y terrenas”; Cf. Directorio AS, 120.

Cf. S. Demel, Zur Verantwortung berufen, Nagelproben des Laienapostolates, Colección: Quaestiones disputatae n. 230, Casa Editrice Herder, Freiburh im Breisgau 2009; Cf también el artículo “Laie” en el LThK III, vol. 6, 592-594; Arbeiten in der Kirche. Ämter und Dienste in der Diskussion, en: Herder-Korrespondenz  Spezial, 1(2009).

Ratzinger, Le basi antropologiche 206

Cf. ChL 23.

Congregación del Clero, Pontificio Consejo para los Laicos, Congregación de la Doctrina de la Fe. Congregación del Culto Divino y de la Disciplina de los Sacramentos, Congregación de los Obispos, Congregación para la Evangelización de los Pueblos, Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y Sociedades de Vida Apostólica, Pontificio Consejo para la Interpretación de Textos Legislativos, Instruction on certain questions regarding the collaboration of the non-ordained faithful in the sacred ministry of priest, Librería Editrice Vaticana, Città del Vaticano 1997, 17-18. Cfr. También ChL 23; Cf. Entre otros artículos uno sobre la Instrucción de ciertas cuestiones: “Necesidad de una terminología apropiada”; Cf. Además el Directorio AS n. 112.

Ratzinger, Ohne Amt 24.

Cf. AA 16: “El apostolado que se desarrolla individualmente, fluyendo con abundancia de la fuente de la vida verdaderamente cristiana (cf. Jn 4, 14), es el principio y fundamento de todo apostolado seglar, incluso coasociado, y no puede sustituirse por éste”.

Cf. ChL 26.

Propositio 10.

Cf. J. Ratzinger, Eucaristía e missione, en: ibid., La comuniones nella Chiesa, 93-128, 126 ss.

Cf. ChL 27.

Cf. ChL 25 s.

Cf. ChL 28

Cf. J. Ratzinger, I movimmenti ecclesiali e la loro collocazione teologica, en: J. Ratzinger, Nuove irruzioni dello Spirito. I movimenti nella Chiea, Edizioni San Paolo, Cinisello Balsamo 2006, 11-50; J. Ratzinger, I movimenti, la Chiesa, il mondo, en: Ratzinger, Nuovi irruzioni 51-96.

Cf. CIC. 215; ChL 29; P. Boekholt, Der laie in der Kirche. Seine Rechte und Pflichten im Neuen Kirchenrecht, Verlag Butzon & Bercker, Kevelaer 1984; L. Martinez  Sistach, Las asociaciones de fieles, Lectània Sant Pacià 37, Barcelona 2004. Cf. Ch. Hegge, Il Vaticano II e i movimenti ecclesiali. Una recezione carismatica, Collana: Contributi di teologia 33, Edición Città Nuova, Roma 2001; Ch. Hegge (ed.), Kirche bricht auf. Die Dynamik der Neuen Geistlichen Gemeinschaften, Aschendorff, Verlag, Münster 2005.

ChL 29

Cf. EA 9.

Cf. EA 24 (nota 120).

Cf. EA 45.

EA 9.

Cf. ChL 57-63, 57: “El hombre es interpelado en su libertad por la llamada  de Dios a crecer, a madurar, a dar fruto. No puede dejar de responder; no puede dejar de asumir su personal responsabilidad… En este diálogo entre Dios que llama y la persona interpelada en su responsabilidad se sitúa la posibilidad, es más, la necesidad de una formación integral y permanente de los fieles laicos…”

Cf. ChL 58: “Dios me llama y me envía como obrero a su viña; me llama y me envía a trabajar para el advenimiento de su reino en la historia. Esta vocación y misión personal define la dignidad y la responsabilidad de cada fiel laico y constituye el punto de apoyo de toda la obra formativa, ordenada al reconocimiento gozoso y agradecido de tal dignidad y al desempeño fiel y generoso de tal responsabilidad.”

ChL 58.

Cf. ChL 57.

Cf. ChL 61

Cf. ChL 6: “Sobre todo, es indispensable la debida formación de la conciencia social, especialmente en la doctrina social de la Iglesia…”; Cf. Pont. Council for Justice and Peace (ed.), Compendium of the Social Doctrine of the Church, Librería Editrice Vaticana, Città del Vaticano 2004.

ChL 60.

Cf. ChL 61.

  Cf. ChL 63

Cathechism of the Catholic Church, Librería Editrice Vaticana, Città del vaticano 1993..

Compendium of the Catechism of the Catholic Church, Librería Editrice vaticana, Città del vaticano 2005.

Pontifical Council for Justice and Peace (ed.), Compendium of the Social Doctrine of the Church, Librería Editrice Vaticana, Città del V2004.

Cf. EA 19.

EA 2 = Juan Pablo II, Discurso a la VI Asamblea General de la Federación de Conferencias de Obispos de Asia (F.A.B.C.) Manila, 15 enero 1995, n. 11, en: Enseñanzas de Juan Pablo II, XVIII, 1 (1959, 159; Cf. EA 4.

Ratzinger, Ohne Amt 24.

Cf. ChL 35: “Los fieles laicos, con el ejemplo de su vida y con la propia acción, pueden favorecer la mejora de las relaciones entre los seguidores de las diversas  religiones… Todos los fieles, especialmente los laicos que viven en medio de pueblos de otras religiones…han de ser para éstos un signo del Señor y de su Iglesia…Para la evangelización del mundo hacen falta, sobre todo, evangelizadores”; Cf. EA 23: Esta proclamación es una misión que necesita hombres y mujeres santos, cuyo deseo es dar a conocer y amar al  Salvador con el testimonio de sus vidas …Los cristianos que hablan de Cristo han de impregnar sus vidas con el mensaje que proclaman.”

Cf. Benedicto XVI, Homilía en el Islinger Feld de Ratisbona, 12 de Septiembre de 2006, en: O. R.., Weekly edition in English, n. 212, 14  Septiembre. 2006, 5:”El Credo no es una colección de verdades; no es una teoría. Esconde sus profundas raíces en el autismo, que es un auténtico encuentro entre Dios y la persona. En el misterio del bautismo, Dios sale a nuestro encuentro; se nos acerca y estrecha nuestros lazos fraternos, introduciéndonos como hijos e hijas en la familia de Dios. De esta manera hace de nosotros una gran familia en comunión universal con  la Iglesia. En realidad, nunca están solos los creyentes. Dios viene a nosotros. Salgamos también nosotros al encuentro de Dios y así nos encontraremos con nuestros hermanos. Y estemos seguros de que ninguno de los hijos de Dios se siente jamás solo”.

Cf. ChL 25.

Cf. ChL 26

  Cf. EA 9: “Los movimientos apostólicos y carismáticos son también un don del Espíritu, portadores de nueva vida y vigor para la formación de hombres y mujeres, familias y jóvenes. 28. Las asociaciones  y movimientos eclesiales dedicados a la promoción de la dignidad humana y de la justicia hacen accesible y tangible la universalidad del mensaje evangélico de nuestra condición de hijos adoptivos de Dios Cf. Rom 8, 15-16)”.

J. Ratzinger, La fraternità cristiana, Colección: Giornale di Teologia 311, Editrice Queriniana, Brescia 2005, 87-89. (=Ratzinger, Schriften 8/2, 37-104.

Ratzinger, Fraternità, 88. El autor cita el libro del exegeta alemán Heinz Schürmann, Gemeinde als Bruderschaft im Lichte des Neuen Testaments, en: Diaspora, Gabe und Aufgabe, ed. Dal Generalvorstand des Bonifatiusvereins, Paderborn 1955, 21-31, 24 ss.  Respecto a la renovación de la parroquia por medio de  varias iniciativas complementarias, se añade la observación de Schürmann: “…Es necesario implementar encuentros culturales que posibiliten contactos fraternos directos, de manera que, en las parroquias,  esta fraternidad, por decirlo de alguna manera, se subdivida en cada asociación y organización, y se sienta la necesidad de seguir promoviendo encuentros a nivel general que contribuyan a una  mayor unidad ... La organización  individual tiene derecho a existir  en la medida que se conciba como instrumento básico al servicio de la fraternidad de la comunidad total.”

C. Markschies, Warum hat das Christentum in der Antike überlebt? Ein Beitrag zum Theologie:  Gespräch zwischen Kirchengeschichte und Systematischer Theologie, Reihe: Forum. Theologische Literaturzeitung 13 (2004), Leipzig 2004.

Cf. Joseph Ratzinger, Guardare Cristo. Esercizi di Fede, Speranza e Carità, Jaca Book, Milano 1989, 31.

Markschies, Christentum 44.

Ratzinger, Guardare Cristo 31

J. Ratzinger, L´Europa di Benedetto nella Crisi delle Culture, Edizioni Cantagalli, Siena 2005, 63-64. Traducción inglesa tomada de un artículo de Zenit News Service: “Cardinal Ratzinger on Europe´s Crisis of Culture (Part 4)”: en: http://zenit.org/article-13705?l=English

 

 

 

 

Cf. Th. Weiler, Volk Gottes-Leib Christi.Die Ekklesiologie Joseph Ratzinger und ihre Einfluss auf das Zweite Vaticanische Konzil, Matthias-Grünewald, Mainz 1997, 121.

Cf. Joseph Ratzinger/Papst Benedikt XVI.,, Das Werk. Bibliographisches Hilfsmittel zur Erschliessung des literarisch-theologischen Werkes vom Joseph Ratzinger bis zur Papstwahl, publicación hecha por sus discípulos y revisada por V Pfnür, Verlag Sankt Ulrich, Augsburg 2009.

Cf. J. Ratzinger, Der theologische Ort des Laien, una reseña del libro de Y. Congar, Der Laie, Entwurf einer Theologie des Laientums, Editrice Schwabenverlag, Stuttgart 1957, en: Wort und Wharheit 13 (1958) 718s. (=J. Ratzinger, Gesammelte Schriften. Kirche-Zeichen unter den Völkern, vol. 8/2, Verlag Herder, Freiburg im Breisgau 2010, 1273-1276).

Cf. Y. Congar: Lay People in the Church, Newman Press, 1965.

Cf. La palabra “Kirche” (1961), en: Lexikon Für Theologie und Kirche, vol. 6, 172-183, 177.

Cf. G. Caprile, II Sinodo  dei Vescovi 1987, Settima Assemblea Generale Ordinaria (1-30 ott. 1987), Edizioni La Civiltà Católica, Roma 1989; Laici per una nuova evangelizzazione. Studi sull´esortazione <Christifideles Laici> di Giovanni Paolo II, a cura di M. Toso, Editrice Elle Di Ci, Leumann, Torino 1990; E. Glaubitz, Der christliche Laie. Vergleichende Untersuchung vom Zweiten Vatikanischen Konzil zur Bischosfssynode 1987, Reihe: Forschungen zur Kirchenrechtswissenschaft, Bd. 20, Verlag Echter, Würzburg 1995.

Juan Pablo II, Exhortación Apostólica Post-sinodal Christi Fideles Laici sobre vocación y misión  de los Laicos en la Iglesia y en el mundo, 9ª edición, San Pablo, 1989; L´Enchiridion Vaticanum, Documenti ufficiali della Santa Sede, vol. 11, 1988-1989, Edizioni Dehoniane EDB, Bologna 1991,  1020-1243; = Enchiridion del Sinodo dei Vescovi, a cura della Segreteria Generale del Sinodo dei Vescovi, edizione bilingue, vol 1 (1965-1988), Edizioni Dehoniane EDB, Bologna 2005, 2601-2799; Cf. P. Neuner, Der Laie und das  Gottesvolk, Verlag Knecht, Frankfurt am Main 1988; W. Kasper, Berufung und Sendung der Laien in Kirche und Welt. Geschichtliche und systematische Perspektiven, in StdZ 205 (1987) 579-593; J. Farnleitern, Entwicklungen des Laienapostolates in den letzen 20 Jahren und Herausforderungen, denen sich die Laien stellen müssen, in Bausteine zu Christifideles Laici, Reihe:Laien heute, Vatikanstadt, Heft 32-33 (1989-90), 7-18; L. Karrrer, Die Stunde der laien. Von der Würde eines namenlosen Standes, Verlag Herder, Freiburg im Breisgau 1999.

Cf. Caprile, Il Sinodo, 80-82; Cf ChL 34 “En relación con las nuevas generaciones, los fieles laicos deben ofrecer una preciosa contribución, más necesaria que nunca, con una sistemática labor de catequesis.”

Cf. Juan Pablo II, Constitución Apostólica <Fidei Depositum> con ocasión de la publicación del Catecismo de la Iglesia Católica, redactado después del Vaticano II, 11 de Octubre, 1992, n. 2: en: Catechism of the Catholic Church, Librería Editrice Vaticana, Città del Vaticano 1992.

Caprile, Il Sinodo, 180: El Cardenal Ratzinger presenta cuatro aspectos a considerar: (a) el punto de vista teológico (b.) los aspectos sociológicos  y funcionales, (c.) la manera de vivir el Evangelio en  el mundo y (d.) la noción de laico desde una perspectiva histórica.

Cf. Caprile, Il Sinodo, 528-531.

Cf. J. Ratzinger, Der theologische Ort 718: “Aun teniendo en cuenta los pasos dados  hasta ahora en el Problema del Laicado,  todavía es una tarea abierta”

E. Pironio,  Presentación de la Christifideles Laici, en: O.R., 30-31 de Enero, 1989: “La ChL…(constituye) para el fiel laico una rica y completa síntesis de las enseñanzas conciliares sobre su identidad, vocación y misión, en una eclesiología de comunión. Es un compendio de doctrina que merece una gran reflexión para relanzar la activa participación del fiel laico en la vida y misión de la Iglsia”.

Pontificium Consilium pro Laicis, The Pontifical Council for the Laity, Vatican City 1997, 17; Cf. Glaubitz, Laie. 255 (n. 122).

Cf. R. Schnackenburg, Das Johannesevangelium, vol. III, cap. 13-21, en: HThKNT, 108-123.

Cf. H. Filser, Das Dekret ubre das Apostolat der Laien Apostolicam actuositatem, en: F.X. Bischof/St,. Leimgruber (Hrs.), Vierzig Jahre II. Vatikanum. Zur Wirkungsgeschichte der Konzilstexte, Verlag Echter, Würzburg 2005, 253-279; G. Bausenhart, Theologischer Kommentar zum Dekret über das Apostolat der Laien Apostolicam auctuositatem, en: P. Hünermann/ B.J. Hilberath, ed., Herders Theologischer Kommentar zum Zweiten Vatikansichen Konzil, vol 4, Verlag Herder, Freiburg im Breisgau, 2005, 1-123;  E. Klinger /R. Zerfass, Die Kirche der Laien. Eine Weichenstellung des Konzils, Verlag Echter, Würzburg 1987; Ch. Bender/M. Thull, Hersg., Berufung und Sendung der laien in Kirche und Welt, Bernward Verlag, Hildesheim 1987.

Cf. Glaubitz, Laie, 60.

Cf. F. Hengsbach, Über das Appostolat der laien, Texto latino y alemán con Comentario.  Konfesssionskundliche und  kontroverstheologiche Studien, vol. XXIII, hrsg. Vom Johann-Adam-Möhler-Institut, Paderborn 1967; A. Schrott E. Trummer, M. Liebmann, E. Hofer, Das Laiendekret im Lichte des Konzils, Wien 1966; R. Pellitero (ed), Los laicos en la eclesiología del Concilio Vaticano II.Santificar el mundo desde dentro, Madrid 2006; H. Schambeck (ed), Apostolat und Familia, Miscelána en honor del Cardenal Opilio Rossi, Berlín 1980.

Cf. ChL 2: “En realidad, el desafío que los Padres sinodales ha afrontado ha sido el de individuar las vías concretas para lograr que la espléndida “teoría” sobre el laicado expresada por el concilio llegue a ser una auténtica “praxis” eclesial.

Cf. ChL 64.

ChL 8; Cf. J. Ratzinger, La Comunione nella Chiesa, Edizioni San Paolo, Cinisello Balsamo 2004; D. Tettamanzi, La Chiesa Mysterium, Communio, Missio como struttura portante della “Christifideles Laici”, en: Pontificium Consilium pro laicis, ed., Christifideles Laici: Spunti per uno Studio, en: Laici oggi 32-33, Cittá del Vaticano 1989-90; A. Scola, La teologia del laicato alla luce dell´ecclesiologia di comunione: l´identitá del fedele laico, en: Pontificium Consilium pro Laicis, ed., Christifideles Laici. Bilancio e prospettive, Collana: Laici oggi n. 16, Librería Editrice Vaticana, Città del Vaticano 2010, 23-46.

E. Pironio, Presentazione 3; Cf. Glaubitz, Laie 256 (n. 124).

Cf. ChL 19 (n. 53); S. Matusiak, Kirche 51-54.

ChL 18.

ChL 19.

Ibid.

ChL 19 cita el discurso de Pablo VI en la Audiencia General de los Miércoles, el 8 de Junio de 1966, en: Insegnamenti, IV (1966), 794

Cf. ChL 20 y 21

ChL 20

Cf. ChL 20: “Es siempre el único e idéntico Espíritu el principio dinámico de la variedad y de la unidad en la Iglesia…La comunión eclesial es, por tanto, un don; un gran don del Espíritu Santo, que los fieles laicos están llamados a acoger con gratitud y, al mismo tiempo, a vivir con profundo sentido de responsabilidad. El modo concreto de actuarlo  es a través de la participación en la vida y misión de la Iglesia, a cuyo servicio los fieles laicos contribuyen con sus diversas y complementarias funciones y carismas”.

J. Ratzinger, L´apertura della Chiesa al mondo nel Concilioo Vaticano II, en Idem, Il nuevo popolo di Dio. Questioni ecclesiologiche, Editrice Queriniana, 4ª ed., Brescia 1992, 310-325, 313 ss,

ChL 23.

Ibidem.

Ibidem.

Cf. Joseph Ratzinger, Das Konzil auf dem Weg, Rückblick auf die zweite Sitzungsperiode, Verlag J. P. Bachem, Köln 1964, 40-43.

Cf. Cardinal J. Ratzinger, <Ohne ein Amt frei für die Wel>, (<Senza un ufficio libero peri l mondo>), una entrevista con M. Lohmann, en: Reinischer Merkur/Christ und Welt, nr. 46, 13. Noviembre 1987, 24= J. Ratzinger, Balance del Sínodo sobre los laicos, en J. Ratzinger, Ser cristiano en la era neopagana. Edición e Introducciones de J. L. Restán, Ediciones Encuentro, Madrid 1995, 163-170.

Siguen a continuación cuatro aspectos a tomar en consideración: (a.) el punto de vista teológico (b.) aspectos sociológicos y funcionales, (c.) la manera de vivir el Evangelio en el mundo y (d.) la noción de laico desde una perspectiva histórica.

Cf. Joseph  Ratzinger, Konzil 40.

Cf. M. Vergottini, art. <Laico>, en: Teologia, Colección: I Dizionari San Paolo, Edizioni San Paolo, Ciniselle Balsamo 2002, 776-787.

S. Matusiak, Kirche und Politik, Die politische Dimension des Laienapostolates im Licht der Ekklesiologie des Zweiten Vatikanischen Konzils, Reihe: Ethik in Forschung und Praxis 3, Hamburg 2005, 57-61.

Cf. ChL 9, 17, 58; Cf. Campanini, Il laico nella Chiesa e nell mondo, Edizioni Dehoniane, Bologna 2004; E. Masseroni, Laici cristiani. Tra identità e nuove sfide, Collana: Saggistica Paoline, Edizioni Figlie di San Paolo, Milano 2004; E. Malnati, Teologia del laicato, Edizioni Piemme, Casale Monferrato 2000.

ChL 10 s.

ChL 10.

Cf. ChL 14.

Cf. ChL 15.

Cf. LG 31 “El carácter secular es propio y peculiar de los laicos. Los que recibieron el orden sagrado, aunque algunas veces pueden tratar asuntos seculares, incluso ejerciendo una profesión secular,, están ordenados principal y directamente al sagrado ministerio, por razón de su vocación particular, en tanto que los religiosos, por su estado, dan un preclaro y eximio testimonio de que el mundo no puede ser transfigurado ni ofrecido a Dios sin el espíritu de las bienaventuranzas. A los laicos pertenece por su propia vocación buscar el reino de Dios tratando y ordenando, según Dios, los asuntos temporales. Viven en el siglo, es decir, en todas y cada  una de las actividades y profesiones, así como en las condiciones ordinarias de la vida familiar y social con las que su existencia está entretejida. Allí están llamados por Dios a cumplir su propio  cometido, guiándose por el espíritu evangélico, de modo que, igual que la levadura, contribuyan desde dentro a la santificación del mundo y de este modo descubran a Cristo en los demás, brillando, ante todo, con el testimonio de su vida. A ellos, muy en especial, corresponde iluminar y organizar todos los asuntos temporales a los que están estrechamente vinculados, de tal manera, que se realicen continuamente según es el espíritu de Jesucristo y se desarrollen y sean para la gloria del Creador y del Redentor”. Cf. AA 7: “Es preciso, con todo, que los laicos tomen como obligación suya la restauración del orden temporal, y que, conducidos en ello por la luz del Evangelio y por la mente de la Iglesia, y movidos por la caridad cristiana, obren directamente y en forma concreta; que cooperen unos ciudadanos con otros con sus conocimientos especiales y su responsabilidad propia; y que busquen en todas partes y en todo la justicia del reino de Dios. Hay que establecer el orden temporal de forma que, observando íntegramente sus propias leyes, esté conforme con los últimos principios de la vida  cristiana, adaptado a las variadas circunstancias de lugares, tiempos y pueblos. Entre las obras de este apostolado sobresale la acción social  de los cristianos, que desea el Santo Concilio se extienda  hoy a todo el ámbito temporal, incluso a la cultura”; ChL 15; Cf. E. Braunbeck, Der Weltcharakter des Laien. Eine theologisch-rechtliche Untersuchung im Licht des II. Vatikanischen Konzils, Eichstätter Studien, Neue Folge XXXIV, Verlag Friedrich Pustet, Regensburg 1993.

Cf. ChL 15 (Propuesta 4).

Cf. ChL 17.

Cf. ChL 64: “Es particularmente importante que todos los cristianos sean conscientes de la extraordinaria dignidad que les ha sido otorgada mediante el santo bautismo. Por gracia estamos llamados a ser hijos amados del Padre, miembros incorporados a Jesucristo y a su Iglesia, templos vivos y santos del Espíritu… Esta “novedad cristiana” otorgada a los miembros de la Iglesia, mientras constituye para todos la raíz de su participación al oficio sacerdotal, profético y real de Cristo y de su vocación a la santidad en el amor, se manifiesta y  actúa en los fieles laicos según la “índole secular” que es  “propia y peculiar” de ellos.

ChL 16; Cf. ChL 17: “Tal vocación, por tanto, constituye un componente esencial e inseparable de la nueva vida bautismal y, en consecuencia, un elemento constitutivo de su dignidad. Al mismo tiempo, la vocación a la santidad está ligada íntimamente a la misión y a la responsabilidad confiadas a los fieles laicos en la Iglesia y en el  mundo”

Cf. ChL 17: “La vocación de los fieles laicos a la santidad implica que la vida según el Espíritu se exprese particularmente en su inserción en las realidades temporales y en su participación en las actividades terrenas”

ChL 17 (Propuesta 5).

ChL 34; Cf. AA 13: “Los seglares cumplen esta misión de la Iglesia en el mundo, ante todo, con esa coincidencia de la vida con la fe por la que se convierten en la luz del mundo; con su honradez en cualquier negocio, que atrae a todos hacia el amor de la verdad y del bien, y por fin a Cristo y a la Iglesia; con la caridad fraterna, por la que participan de las condiciones de la vida, de los trabajos, de los sufrimientos y aspiraciones de los hermanos, y disponen insensiblemente los corazones de todos hacia la operación de la gracia salvadora”

Cf. GS 43; Cf. ChL 17, 34, 35, 59; EA 23, 42.

Cf. Ratzinger, Ohne  Amt.24

Cf. ChL 17.

Cf. ChL 34: “Los fieles laicos tienen su parte que cumplir en la formación de tales comunidades eclesiales, no solo con una participación activa y responsable en la vida comunitaria, y, por tanto, con su insustituible testimonio, sino también con el empuje y la acción misionera entre quienes todavía no creen o ya no viven la fe recibida con el bautismo”; Cf. ChL 39: “El anuncio del evangelio y el testimonio cristiano de la vida en el sufrimiento y en el martirio constituyen el ápice del apostolado de los discípulos de Cristo, de modo análogo a como el amor a Jesucristo hasta la entrega de la propia vida constituye un manantial de extraordinaria fecundidad para la edificación de la Iglesia”.

Cf. ChL. 32: “Dar fruto es una exigencia esencial de la vida cristiana y eclesial”.

Cf. ChL 32: “La comunión con los otros es el fruto más hermoso que los sarmientos pueden dar: es don de Cristo y de su Espíritu”.

ChL. 32.

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