MISIÓN INTER GENTES ASIAE
Teologías contemporáneas y prácticas misioneras en Asia

Peter C. PhanΘ

El título del Seminario Residencial SEDOS del 17 al 21 de mayo del 2011 es “Los asiáticos entre nosotros”. “Asiáticos” se refiere por supuesto a las personas de Asia, y por “Asia” se entiende, como se ve en el mapa que acompaña al prospecto, la mayor masa de tierra que se extiende al oeste desde el grupo de ex-estados satélites soviéticos, cuyos nombres terminan con “stan” (tierra), y Japón al este, desde Mongolia al norte hasta Timor-Leste al sur y las Islas del Pacífico en el sud-oeste. Nuestro mapa de Asia, cubre lo que comúnmente se llama Asia del Oeste, Asia del Sur, Asia del Norte y Asia del Sudeste, pero excluye el Medio Oriente. El continente asiático es también el más poblado. De los casi siete mil millones de personas sobre la tierra, dos tercios viven en Asia; solamente en China e India se encuentra más de la mitad de la población del mundo.

“Nosotros”, así lo considero, se refiere a los cristianos, especialmente, a los católicos, y más precisamente, a los misioneros, tanto oriundos como expatriados. Si bien el título del seminario, “Los Asiáticos entre Nosotros”, coloca a los asiáticos en medio de los católicos, y católicos misioneros, probablemente como un gesto de generosa acogida, podemos también y quizás con más razón, decirlo exactamente al contrario: “Nosotros entre los Asiáticos”, ya que como misioneros, somos enviados a vivir y a trabajar en medio de los asiáticos. En realidad, el primer requisito esencial a la misión, es que aquellos que son enviados, vivan y se adapten, y que todo su ser esté entre las personas a las cuales han sido enviados. Para los misioneros, “ser-enviados” es “estar-con” y “estar-entre” aquellos a los cuales son enviados a evangelizar.

Mientras que el título del seminario se refiere a las relaciones recíprocas entre “los asiáticos” y “nosotros”, el subtítulo: “Tendencias desafiantes y oportunas para la misión Inter Gentes”, apunta a uno de los cambios más radicales en la teología contemporánea de la misión 1. La misión de los cristianos hacia los no-cristianos, habitualmente se denominaba, y aún se denomina en los documentos del magisterio pontificio, missio ad gentes 2. Nótese la fuerza teológica de la preposición ad. Las gentes, o sea, todos aquellos que todavía no han aceptado la buena noticia y que no han sido incorporados aún en la Iglesia por medio del bautismo, eran llamados una vez “paganos” y eran vistos como el objeto o el blanco de evangelización y conversión.

A pesar de que el proselitismo, es decir, la conversión de gentes usando la fuerza física, la presión psicológica o medios persuasivos, sea mal visto, las gentes son aún consideradas como aquellos a los cuales el evangelio debe ser “proclamado” y “predicado”. En la missio ad gentes los misioneros predican, las gentes escuchan; los misioneros enseñan, las gentes aprenden; los misioneros otorgan los medios para la santificación, las gentes los reciben; los misioneros guían, las gentes siguen; los misioneros dirigen, las gentes obedecen 3. En otras palabras, las gentes son los beneficiarios del triple ministerio – profético, sacerdotal y real- de los misioneros. En contraste con ad, la preposición inter suprime esta relación de dirección única desde los misioneros hacia las gentes que pone a los primeros en un plano de superioridad y dominación sobre los segundos en todos los aspectos de la vida, y replantea radicalmente sus relaciones. Establece una interdependencia fundamental y una relación de igualdad entre los dos grupos, o para utilizar los términos del título de nuestro seminario, entre “los Asiáticos” y “Nosotros”, que nos obliga a decir no solamente “los Asiáticos entre Nosotros” sino también “Nosotros entre los Asiáticos”. La misión no es algo que se lleve a cabo por un grupo, por ejemplo, los misioneros cristianos, por y para otro, como por ejemplo asiáticos no cristianos, sino más bien, algo llevado a cabo por ambos grupos, por y para cada uno de ellos. En este sentido, en vez de utilizar missio ad gentes, la misionología contemporánea utiliza el término missio inter gentes, evocado en el subtítulo de nuestro seminario. Además, la misión en Asia es un trabajo de colaboración entre cristianos y no-cristianos, que trabajan juntos por una causa común, por lo que la missio inter gentes Asiae debería ser también missio cum gentibus Asiae.

En el presente ensayo, presento esta nueva y doble forma de comprender la misión cristiana como una tendencia “desafiante y oportuna”, especialmente para la misión en Asia 4. Comienzo con la descripción de la situación religiosa de los asiáticos como gentes entre nosotros (“observar”). Luego explico el concepto de missio inter gentes y missio cum gentibus y sus implicaciones misioneras (“juzgar”). Por último, exploro las prácticas misioneras a la luz de las missio inter gentes et cum gentibus (“actuar”). 5

¿QUIÉNES SON LAS GENTES ASIAE? :
CONTEXTO PARA LA MISIÓN CRISTIANA EN ASIA

Según lo estipula el célebre refrán: “Observa, Juzga, Actúa”, propuesto en principio por Léon Ollé-Laprune, adoptado seguidamente por el Cardinal Joseph Cardijn para el movimiento de Jóvenes Trabajadores Cristianos y luego por la teología de la liberación, y que ahora sirve como eje metodológico de nuestro seminario, debemos “observar” con precisión antes de poder “juzgar” con veracidad y “actuar” con eficacia. Por esta razón, antes de hablar de la misión en Asia, debemos conocer bien quiénes son los asiáticos y en qué sentido constituyen las gentes entre las cuales los misioneros desarrollan su ministerio.

Pío Estepa nos ha brindado en su presentación una visión panorámica, rica y completa sobre “El paisaje de la misión asiática del siglo XXI” 6. Estepa ha correctamente descripto las tres “divisiones”, a saber: la división industrial separando las comunidades rurales de las sociedades urbanas, la división migratoria enfrentando los habitantes nativos de los inmigrantes, y la división informativa separando las personas iletradas de las que han recibido una educación. Estepa afirma que la missio inter gentes no consiste en pasar del “antiguo” lado de la brecha para aventurarse en el otro lado “más nuevo”. Sino que se trata de construir puentes entre (inter) las tres divisiones principales. Además, identifica en el seno de las tres divisiones tanto desafíos como oportunidades para el desarrollo de la misión cristiana. A la luz de estas tres divisiones, Estepa propone nuevos campos para los esfuerzos misioneros, a los que retornaré en la segunda sección de mi presentación.

Mientras que la descripción que Estepa realiza de la triple división en Asia es de gran importancia para nuestra reflexión sobre la tarea de la misión cristiana entre los asiáticos, debemos tener en cuenta conjuntamente el ya bien conocido y aún vigente análisis del contexto asiático realizado por la Federación de Conferencias Episcopales Asiáticas (FCEA) según la cual el continente asiático está caracterizado por la pobreza económica, la diversidad cultural y el pluralismo religioso. 7 Además de estas tres características y de las tres divisiones descritas por Estepa, me gustaría llamar la atención hacia otras tres características de los asiáticos en tanto que gentes a las que los misioneros cristianos deben tener en cuenta cuando trabajan entre ellos.

¿Las gentes Asiae como paganos?

La primera consideración es paradójica, ya que en un verdadero sentido teológico los asiáticos no son las gentes en el antiguo sentido del término, es decir “paganos”. El término gens/gentes tiene una historia larga y complicada. Tiene sus raíces en el vocablo hebreo goy/goyim, que se usaba para designar las “naciones”, es decir, todas las personas que según la ley de Israel, no habían sido elegidos para entrar en un pacto con Yahvé: los no-judíos, los incircuncisos, los impuros. El término hebreo goy/goyim fue traducido al greco como ethne (con el adjetivo ethnikos, que significa “perteneciente a las naciones”; luego, ethne/ethnikos fue traducida al latín como gentes/gentiles. Finalmente, el latín gente/gentiles es normalmente traducido al español como “paganos”. Pagano deriva del latín paganus, literalmente: “aldeano”, generalmente en un sentido peyorativo de “inculto”, oponiéndose al sofisticado modo de vivir y pensar urbano del habitante de la ciudad.

Desde el siglo III, paganus se ha considerado equivalente a “no-cristianos”, ya que la mayoría de los cristianos eran civilizados habitantes de las ciudades. Rápidamente adquirió la connotación de idolatría y supersticiones y se lo empleó para las religiones helenísticas y romanas, que eran vistas como llenas de errores doctrinales, de depravaciones morales y cultos idólatras. Después del descubrimiento de América y de Asia, el término pasó a designar las religiones aborígenes de estos continentes, y sus habitantes fueron llamados gentes (o pagani) y considerados como el primer objetivo para las misiones cristianas, la missio ad gentes.

Como consecuencia del Concilio Vaticano II, la percepción de la Iglesia Católica de las gentes y sus religiones, ha experimentado un cambio radical. La declaración Nostra Aetate sobre las religiones no-cristianas, expresa bien el cambio teológico: “La Iglesia católica no rechaza nada de lo que en estas religiones hay de santo y verdadero. Considera con sincero respeto los modos de obrar y de vivir, los preceptos y doctrinas que, por más que discrepen en mucho de lo que ella profesa y enseña, no pocas veces reflejan un destello de aquella Verdad que ilumina a todos los hombres y mujeres (n° 2). 8 En comparación con el antiguo concepto de gentes, la descripción de gentes adoptada por Vaticano II y la relación entre ellos y la Iglesia, representa una verdadera revolución copernicana, y este mar de cambios debe ser tenido en cuenta cuando nos referimos a los asiáticos como gentes tanto en la missio ad gentes como en la missio inter gentes. Ciertamente, no podemos continuar viendo los asiáticos como a personas que viven en la oscuridad espiritual y el pecado, que no pueden salvarse salvo mediante su conversión al cristianismo, ni podemos tampoco condenar sus religiones como invenciones humanas corruptas por supersticiones y vicios. Obviamente, como argumentaremos en breve, esta transformación implica una forma diversa de comprender la propia misión cristiana entre las gentes Asiae.

¿Misión en los regímenes social-comunistas?

En segundo lugar, la situación política de un gran número de las gentes Asiae complica fuertemente el trabajo de los misioneros cristianos. Me refiero a la continua dominación de los regímenes socialistas-comunistas, especialmente en China y Vietnam. Como es de público conocimiento, la relación entre el Vaticano y el gobierno chino, como entre la Iglesia “Oficial” o “Patriótica” y la Iglesia “No-Oficial” o “Clandestina” en China, y el tenso modus vivendi de los cristianos en Vietnam, representan un enorme desafío a la forma en que los cristianos deben planear y desarrollar la misión. Mientras que, tanto China como Vietnam adoptan progresivamente una economía de libre mercado, sus gobiernos comunistas continúan viendo a los cristianos y especialmente a la Iglesia Católica con su Estado Ciudad del Vaticano, como una amenaza, si no como un enemigo, para su supervivencia. Las gentes Asiae son, pues, una especie religiosa y política compleja con la cual los misioneros deben morar, y el trabajo de evangelización está afectado por estos dos aspectos de la religión y de la política en Asia 9.

¿La conversión de las Gentes?

En tercer lugar, hay un hecho inquebrantable y es que a pesar de siglos de trabajo de misión cristiana, los cristianos en Asia continúan siendo una pequeñísima minoría. Excepto en Filipinas, Timor-Leste, Corea del Sur y Vietnam, los cristianos son solo un pequeño porcentaje de la población, especialmente en los tres países más poblados: China, India e Indonesia. A pesar de los informes alentadores sobre el vasto número de conversiones, especialmente en las iglesias evangélicas-pentecostales en China, las conversiones en masa de los asiáticos al cristianismo son, exceptuando un acto de intervención divina, extremadamente improbables. 10 En otras palabras, las gentes Asiae continuarán siendo gentes, aún si se realizara una evangelización masiva en el futuro, y la razón principal para esta situación, como lo ha bien señalado Aloysius Pieris, es que los asiáticos ya tienen sus religiones bien establecidas. 11 Este pronóstico, en todo caso, no debe desanimar ni el trabajo ni el celo misionero. Pero es importante tenerlo en cuenta, para que los misioneros no mantengan expectativas irreales y no consideren la falta de conversión y el escaso número de bautismos, como una evidencia del fracaso de la misión cristiana. 12

OBJETIVOS Y METAS DE LA MISSIO INTER GENTES ASIAE

En esta situación compleja y multifacética de las gentes Asiae: ¿cuáles deberían ser los objetivos y las metas de la misión cristiana en Asia? Por supuesto, la respuesta depende principalmente de cómo se seleccionen e interpreten determinados textos claves del Nuevo Testamento en lo referente al mandato misionero, tales como en Mateo 28,19-10, Marcos 16,15-18 y Lucas 24,27-48. Otro enfoque posible, es examinar tanto el aprendizaje y la práctica del paradigmático misionero, el apóstol Pablo, tal como es descrito en sus cartas y en el libro de los Hechos de los Apóstoles. 13 Aún reconociendo la fecundidad de estos dos enfoques, quiero proponer un tercero: examinar la práctica misionera del mismo Jesús, y no sólo sus palabras, durante su ministerio público en su totalidad. Es a la luz de la práctica misionera de Jesús que los textos bíblicos arriba citados, como así también la práctica y la enseñanza de Pablo pueden ser correctamente comprendidos. Por consiguiente, nos preguntaremos cómo la práctica misionera de Jesús puede ser un modelo para la misión inter gentes y cum gentibus Asiae.

La Missio inter gentes como construcción de puentes

Antes de analizar las metas y los objetivos de la Misión Cristiana inter gentes Asiae a la luz de la práctica misionera de Jesús, retorno brevemente a la propuesta de Estepa, es decir, que ser puentes que unan los dos extremos de las tres divisiones constituye la principal meta de la misión cristiana en Asia. Sin lugar a dudas, el concepto de “construcción de puentes”, forma parte de las tendencias “desafiantes” y “oportunas” de la misión contemporánea. Estos puentes, brindan la oportunidad a la población urbana, a los nacionales y a los educados de cruzar hacia las comunidades rurales, los inmigrantes y los analfabetos, y viceversa. Este cruce, debe ser un movimiento en ambos sentidos, permitiendo a cada grupo comunicarse con los otros para vivir y trabajar en conjunto por el bien común, en igualdad de derechos y dignidad. La meta última de estos intercambios y encuentros bilaterales, es la eliminación de todos los factores que contribuyen al odio mutuo y la reconciliación de los diferentes grupos que se encuentran en los extremos opuestos de las tres divisiones, tanto en la sociedad como en la Iglesia. 14 El resultado esperado, son nuevas comunidades eclesiales y humanas marcadas por la justicia, el perdón, la paz y el amor. Sin lugar a dudas, los misioneros tienen un rol importante en la promoción de este proceso de construcción de puentes y de reconciliación.

Por supuesto, el proceso de construcción de puentes y de reconciliación no requiere olvidar, ni mucho menos ignorar las injusticias pasadas y presentes cometidas por las personas que ostentan el poder y los medios para controlar el cruce de divisiones industriales, migratorias y de información, y que, para mantener su hegemonía, impiden a otros venir dentro de sus dominios. Al contrario, la reconciliación genuina y duradera es imposible si tanto los victimarios cuanto las víctimas no recuerdan el pasado en toda su veracidad, los primeros para reconocer sus culpas y las últimas para recuperar su dignidad humana a pesar sus sufrimientos deshumanizantes. Solo a partir de esta memoria verdadera, podrán víctimas y victimarios trabajar juntos para construir una nueva sociedad con estructuras legales y políticas que promuevan la justicia, la igualdad y la reconciliación. Asimismo, esta tarea de construcción de puentes, no invalida en ningún caso la “opción por los pobres” que fue la marca en el ministerio de Jesús y que fue tantas veces abogada por la FCEA.

Además de comprender la missio inter gentes como un proceso de construcción de puentes entre los dos lados opuestos de las tres divisiones, propongo tomar la preposición inter de la frase missio inter gentes en su sentido de “en medio de”; por lo que missio inter gentes significa misión recíproca entre los misioneros y las gentes Asiae. En otras palabras, la misión no es una actividad en un solo sentido, realizada por los misioneros a las gentes, sino más bien, una actividad de doble sentido realizada por las gentes hacia los misioneros y por los misioneros hacia las gentes. Se trata, por lo tanto, de una misión mutua: tanto los misioneros como las gentes “misionan” (como actores) y “son misionados” (como receptores). Asimismo, además de esta reciprocidad entre los misioneros y las gentes, la misión en Asia es un trabajo conjunto, por lo que la missio inter gentes es también una missio cum gentibus, lo que implica que hay una causa común a la que se dedican tanto los misioneros como las gentes y para la cual trabajan en conjunto. A continuación, exploraré estos dos aspectos de la missio inter gentes y cum gentibus Asiae en más detalle.

La missio inter gentes como una evangelización mutua

Es una experiencia muy común de la misión en Asia (y por supuesto en otros lados) que, evangelizando las gentes, los mismos misioneros son evangelizados por ellos, y que, en realidad, el éxito del trabajo misionero depende del grado en que los mismos estén dispuestos a ser evangelizados por las gentes. Con esto, no me refiero al hecho banal de que hay gentes que son mucho más sabias y santas, aún dentro de los estándares cristianos, que los misioneros mismos, o que existen ciertas acciones oficiales de la Iglesia como institución que las gentes consideran inmorales y por las que no encuentran razones convincentes para unirse a la Iglesia. Me refiero más bien al hecho de que no en pocas áreas de la vida cristiana, hay enseñanzas y prácticas religiosas y culturales de las gentes que los misioneros podrían aprender y practicar para poder así ser mejores cristianos y misioneros. Existen numerosos ejemplos en distintas áreas tales como libros sagrados, ética, oración, espiritualidad y vida monástica. Este hecho fue reconocido por personalidades tales como Matteo Ricci en China, Roberto de Nobili en India, Alexandre de Rhodes en Vietnam, y un sin número de otros misioneros menos conocidos - pero no por eso menos eficaces - tanto mujeres como hombres, en un pasado lejano como en el presente. 15

Reconocer y celebrar la bondad y la santidad de personas fuera de nuestra propia tradición religiosa y cultural – las goyim o gentes- no es un invento de los misioneros progresistas. Jesús mismo lo ha hecho. Jesús elogia al leproso samaritano que es el único de los diez leprosos que él había curado que vuelve a darle gracias (Lc. 17, 17-18). También pone a un samaritano como modelo de amor al prójimo (Lc. 10,33-35). Se dice que Jesús se ha sorprendido por la “tan grande fe” del centurión romano (Mt. 8,10). El hecho de que Jesús fue, y no pretendió ser "asombrado" (ethaumasen) implica que la existencia de tal fe en un goy, era algo que no sabía ni se esperaba. Por lo tanto, en un sentido real, el comportamiento lleno de fe del centurión romano reveló a Jesús cuan universal es la gracia salvadora de Dios. Aún más revelador: la "gran fe" (Mt. 15:28) y la perseverancia de la mujer cananea, que a pesar de la actitud brusca, incluso insultante, de Jesús que se niega a atender a su solicitud de curar a su hija, y a la que ella replica humildemente que incluso "los perros (un término peyorativo judío hacia los goyim, que Jesús mismo utiliza) comen de las migajas que caen de la mesas de sus señores” (Mt 15,27), consiguen cambiar la comprensión de Jesús de que había sido enviado solamente a las ovejas perdidas de Israel. Aquí, es un gentil, ¡más aún una mujer! que hace cambiar y ampliar la comprensión etnocéntrica del ministerio de Jesús.

En su trabajo, a la luz de la propia práctica de Jesús, los misioneros en Asia deben estar dispuestos a abrir sus mentes y sus corazones, dispuestos a ser cambiados intelectualmente y transformados espiritualmente por la “misión inversa” de las gentes Asiae hacia ellos. Es cierto, que en esta cuestión, ellos se ven seriamente limitados por el hecho de que las descripciones tradicionales de la misión como “enseñanza”, “proclamación”, “evangelización” y “conversión” que forman parte de la teología de la missio ad gentes no predispone a los misioneros a adoptar una postura de escucha y humildad. 16 De hecho, si uno va a un lugar extranjero con la convicción de que uno o su iglesia posee exclusivamente todas las verdades del mundo en su plenitud; que su tarea principal es “proclamar” estas verdades, como si uno se metiese en el púlpito o detrás del atril con un megáfono en la mano y “enseñase” como un profesor sabe-lo-todo; y que el objetivo de la misión es “convertir” las gentes ¿podría ser una sorpresa que las gentes sean vistas como nada más que el objetivo de la propia misión (como lo implica la preposición ad) y que el éxito de la misión se pueda calcular por el número de bautismos, como la victoria en una guerra se puede demostrar por el número de personas muertas o ciudades destruidas? ¿Podría resultar raro que las gentes Asiae vean las misiones cristianas como un neo-colonialismo que intenta conquistar y destruir sus religiones? ¿Cómo podemos verosímilmente defendernos de esta acusación si en realidad el objetivo de nuestras misiones es convertir a los adeptos de otras religiones al cristianismo?

Por el contrario, supongamos, como un experimento imaginario, que no se utilicen más ciertos términos que implican un conocimiento superior y una excelencia moral tales como “evangelizar”, “convertir”, “enseñar” y “proclamar” para describir los objetivos y las metas de la misión cristiana, tan frecuentes en los documentos magisteriales y utilizados por los organismos de control de la teología como una prueba de fuego para la ortodoxia. ¿Qué harían los misioneros y cómo actuarían si llegaran a Asia no como anunciadores ni como profesores ni como convertidores ni como evangelizadores sino como huéspedes – y huéspedes no invitados, y más aún: no deseados — que dependen totalmente de la amabilidad y generosidad de las gentes que los acogen para su supervivencia física y espiritual? ¿Qué pasaría si trajéramos nuestra fe cristiana no como algo a ser proclamado ni enseñado para evangelizar y convertir a las gentes asiáticas sino como un humilde regalo, como una muestra de nuestra gratitud por su hospitalidad, que nuestros anfitriones tengan el derecho de aceptar o rechazar, de usar o no usar? ¿Qué sucedería si, convirtiéndonos en huéspedes agradecidos, no insistiéramos en que abandonen sus creencias y adopten las nuestras, rechacen sus normas morales y sigan las nuestras, condenen sus ritos para practicar los nuestros, renieguen sus religiones para ser bautizados en la nuestra? Supongamos, con un corazón sincero y humilde, que nos dejáramos ser “enseñados”, “proclamados”, “evangelizados” y “convertidos” por las creencias, los valores morales, las formas de culto y las filiaciones religiosas de nuestros anfitriones, porque en realidad hay valores y verdades más grandes en éstas que en las nuestras. 17

Quizás un día, después de haberse conocido y haberse ganado confianza entre sí como amigos, podremos, a nuestro turno, ser anfitriones e invitar las gentes como huéspedes honorables en nuestra casa espiritual, que llamamos “iglesia”. Entonces podremos mostrar con orgullo su esplendor y gemütlichkeit, su atmósfera acogedora y su cálida hospitalidad. Entonces podremos hablar de nuestras creencias y de nuestras prácticas; contarles nuestra historia familiar, desde los antiguos hebreos hasta Jesús, hasta nosotros como discípulos de Jesús, con nuestros defectos y todo; e invitarlos a crear con nosotros una familia más grande, formada por los suyos y los nuestros. Pero debemos tener en cuenta la probabilidad de que, en calidad de huéspedes, ellos también nos traigan como regalo su propia fe, que puede muy bien sernos de gran utilidad, o que podríamos incluso estar necesitando muchísimo. En este sentido, nuestra misión ya no será ad gentes, sino inter gentes. Los “evangelizadores” se convierten en “evangelizados” y los “evangelizados” se convierten en “evangelizadores” en un respeto y aprecio mutuo, en honestidad abierta y amistad genuina, corrigiéndose mutuamente cuando sea necesario y siempre buscando alcanzar una mayor verdad y bondad.

Missio cum gentibus: El "Reino de Dios" como nuestro objetivo y destino comunes

Para algunos, las reflexiones anteriormente expuestas sobre la missio inter gentes Asiae pueden parecer negar la posibilidad y la necesidad de la misión. En realidad, lo único que se niega es que la conversión, el bautismo y la incorporación a la Iglesia sean vistos como el objetivo y la realización plena de la misión. En otras palabras, lo que se niega no es la posibilidad ni la necesidad de la misión en sí, sino que la misión pueda ser llevada a cabo como una missio ad gentes en vez de una missio inter gentes. Lo que la misión debería intentar alcanzar no es simplemente que las gentes pasen a ser miembros de nuestra Iglesia actual, que con todas sus actuales creencias, prácticas e instituciones, es aún demasiado pequeña y estrecha en lo referente al diseño estructural, demasiado limitada y regional (como por ejemplo Occidental y Romana) en materia de perspectiva teológica, demasiado imperfecta y pecadora en liderazgo institucional, como para poder ofrecer a las gentes un hogar habitable.

Antes de invitar a nuestros huéspedes en nuestra casa, aún por una corta visita, y mucho menos por un largo tiempo, debemos, como buenos anfitriones, limpiarla y engalanarla, incluso remodelarla y reconstruirla, para satisfacer sus necesidades especiales y para que puedan sentirse bienvenidos y cómodos. Lo mismo debemos hacer con la Iglesia, con la ayuda de las gentes. Es también una práctica común para los anfitriones, preguntar por anticipado a sus huéspedes, qué tipo de comida y bebida no les gusta y cuáles son sus preferidas. Del mismo modo debemos hacerlo cuando invitamos a las gentes a venir a la iglesia, nuestro hogar espiritual: ¿hay algo que para ellos sea desagradable o perjudicial, algo que deba ser modificado y mejorado? De esta manera, nuestra iglesia verdaderamente se volverá la casa de Dios para todas las personas. Considero que solamente de este modo, el objetivo mismo de la missio ad gentes, que presuntamente se negó por las consideraciones anteriores, será alcanzado, e incluso más eficazmente, a través missio inter gentes. Por supuesto, no se puede garantizar que el número de conversiones sea mayor, pero sin lugar a dudas, la calidad, es decir, la profundidad y la autenticidad de la fe crecerá, y no menos importante, la Iglesia misma se volverá más conforme con lo que Dios espera que sea.

Implícita en esta teología de la misión, se encuentra la noción de que la misión es una empresa colaborativa en la que se comprometen tanto los misioneros cristianos como las gentes Asiae y en la que se ayudan mutuamente para llevarla a cabo. Se puede objetar que es muy ingenuo esperar que las gentes Asiae contribuyan a la misión cristiana. Esto es cierto solamente si la misión se concibe como una missio ad gentes, y sin dudas las gentes de Asia pueden difícilmente ser culpadas por su desconfianza y rechazo de la misión cristiana, orientada hacia lo que perciben como una destrucción de sus religiones, al convertirlos al cristianismo, a pesar del discurso oficial de la Iglesia Católica, del respeto hacia los “elementos de verdad y de gracia” que puedan encontrarse en sus religiones. (La Iglesia Católica haría sin dudas lo mismo, si, por ejemplo, los budistas, los mormones o los protestantes intentaran “robar sus ovejas”, so pretexto de reconocer los “elementos de verdad y gracia” en el Catolicismo).

La situación sería totalmente diferente si la misión es realizada como una missio intergentes, ya que en este caso la meta final de la misión y el destino último de la humanidad no son la expansión de la Iglesia, sino la realización del Reino de Dios (basileia tou theou), como quiera que esta realidad sea comprendida y llamada en las varias tradiciones religiosas. 18 Para construir el Reino (o reinado o ley) de Dios (o de los Cielos) – y no de la Iglesia- el objetivo principal de la misión no es una innovación teológica. Al contrario, representa fidelidad a Jesús porque no existe ninguna duda de que el mismo Jesús ha hecho del reinado de Dios el centro de su vida y de su ministerio. Es este compromiso total con el reino de Dios el que permitió a Jesús reconocer que un hombre que expulsó demonios en su nombre, a pesar de que no fuera uno de sus discípulos (“no es uno de los nuestros”, dice Juan), no estaba contra él, sino con él, y no debía impedírsele que lo haga, ya que expulsar demonios es parte del trabajo para el Reino de Dios (Mc. 9,38-40). Es interesante, que no exista una constancia de que el hombre exorcista haya conocido a Jesús personalmente o que Jesús haya intentado hacer de él su discípulo o que le haya requerido que se convierta en uno de ellos. Es por lo tanto posible, (y en realidad es un hecho) que alguien pueda hacer algo en el nombre de Jesús sin conocerlo o ser su seguidor.

Existe otro motivo por el cual la missio inter gentes en Asia debe ser además una missio cum gentibus. Mencionaba antes, tanto el pequeño porcentaje de cristianos en la población asiática como la improbabilidad de conversiones masivas al cristianismo de las gentes de Asia. Esto significa que, desde un punto de vista práctico, los cristianos en Asia nunca serán capaces de trabajar efectivamente por el Reino y la justicia de Dios, la paz y la reconciliación sin la colaboración de las gentes. Simplemente, no pueden hacerlo solos. Esto es especialmente cierto en las naciones social-comunistas y en los países con mayoría musulmana, donde los cristianos carecen de recursos y encuentran severas restricciones a su misión. Por lo tanto, mientras no se puede y no se debe esperar que las gentes trabajen por la expansión de la Iglesia, ellas pueden ser animadas a trabajar con los cristianos por el Reino de Dios – como quiera que se llame esta realidad, ya que los budistas, por ejemplo, ni siquiera mencionan a Dios - promoviendo la justicia y la paz, la reconciliación y el amor. En realidad, en muchos lugares de Asia, ellos ya lo están haciendo así. Una vez más, es necesario destacar que en la missio inter gentes y en la missio cum gentibus, los objetivos de la misión cristiana pueden ser ampliamente cumplidos, sin que las gentes sean convertidas, bautizadas e incorporadas a la Iglesia. Por supuesto, no hay oposición entre la Iglesia y el Reino de Dios. En realidad, la primera es un signo y un instrumento o sacramento o símbolo del segundo. Pero sería idólatra identificar a la Iglesia con el Reino de Dios. Es la diferencia que existe entre los dos que permite a las gentes Asiae trabajar por el Reino de Dios sin pertenecer a la Iglesia, reapse (de hecho) o in voto (de deseo).

LA MISIÓN COMO ACCIÓN: HACER LAS COSAS “EN EL NOMBRE DE JESÚS”

La misión cristiana presupone observar con precisión y juzgar en la verdad. Sin embargo, ambas son sólo condiciones para actuar efectivamente en la misión. La misión en sí misma, debe ser “actuar”, “hacer cosas concretas”, y no sólo “predicar, proclamar y enseñar”, a pesar de que estas tres acciones constituyen la misión, siempre y cuando sean desarrolladas en el sentido de la missio inter gentes et cum gentibus como ha sido propuesto anteriormente. Pero la misión debe involucrar muchas otras cosas además de las actividades verbales y de los hechos de palabras, por importantes que sean. Sin lugar a dudas, las iglesias occidentales favorecen el uso de la palabra, de los discursos y los libros y, para no quedarse atrás en el tiempo, los sitios de Internet, Facebook y Twitter. Véase el tsunami de documentos y declaraciones de todo tipo procedentes del magisterio romano, sin mencionar las autobiografías papales y tratados teológicos, que inundan las iglesias que muchas veces no tienen ni el tiempo ni la habilidad para leerlos y entenderlos, escritos como es habitual en un lenguaje teológico raramente compresible para la mayoría de las personas. Lamentablemente, algunos creen que publicando estos documentos, el magisterio cumple con su misión profética y educativa.

La misión como acción, implica mucho más que la producción de dichos y diluvios de palabras. La misión requiere, por lo menos en Asia, tantas -sino más- acciones no verbales. El silencio, profundo y contemplativo, que sigue a las charlas, continua siendo la comunicación más efectiva entre los creyentes. Además, la misión incluye acciones para la liberación y el desarrollo, los derechos humanos, la justicia social, la paz y la reconciliación, la educación, el cuidado de la salud, por mencionar sólo algunas áreas donde los misioneros en Asia, tanto católicos como protestantes, han trabajado mucho y bien, y a veces poniendo en riesgo sus propias vidas.

La cuestión que inevitablemente se plantea es cómo distinguir éstas como parte de la misión cristiana de aquellas de actores sociales y de diferentes tipos de ONG. Lo que subyace detrás de esta cuestión es la ansiedad, sobre todo de las autoridades de la Iglesia, de que los misioneros se hayan vuelto meros actores sociales, y hayan perdido así lo que se llama la dimensión “vertical” de la misión cristiana. A modo de respuesta, destaquemos en primer lugar que, desde un punto de vista sociológico no existen diferencias entre las actividades de los misioneros y aquellas de los actores sociales en estas áreas. Los primeros no son mejores, ni más santos, ni más efectivos que los segundos simplemente porque trabajan con la Iglesia, ni tampoco debemos colocar los unos contra los otros. En vez de competir por recursos e influencias, debería existir una colaboración entre los representantes de la Iglesia y los grupos seculares.

En segundo lugar, estas actividades sociales no tienen que ser vistas simplemente como – utilizando una expresión común del pasado no muy lejano- “pre-evangelización” (que debe ser efectuada especialmente por los laicos), es decir, un preludio a o un medio para una evangelización “real” a través de predicaciones, celebraciones sacramentales y un liderazgo pastoral (reservado exclusivamente a los ordenados). Por el contrario, son parte integral y constitutiva de la misión en la que las gentes pueden participar activamente.

En tercer lugar, la diferencia entre la misión de la Iglesia y el activismo social, no se encuentra entre la presunta “verticalidad” de los primeros y la “horizontalidad” de los segundos, ni tampoco en la preocupación de los primeros por la salvación de las almas y la preocupación por el bienestar corporal de los segundos. En realidad, la primera no puede alcanzarse plenamente sin el segundo. Más bien, el distintivo de la misión cristiana yace en el hecho de que es llevada a cabo “en el nombre de Jesús”. Esto no significa, como lo hemos expresado anteriormente, “con un conocimiento explícito de Jesús o convirtiéndose en miembros de su grupo de discípulos”. Y mucho menos significa: “con la autorización oficial” o “mandatum” de la jerarquía de la Iglesia, o con los poderes asociados al sacramento del orden sagrado, o con los sacrificios espirituales de los votos religiosos. Sino que, la misión realizada “en el nombre de Jesús”, significa, una misión llevada a cabo de la misma manera en que Jesús lo hizo y por las mismas causas por las que Él vivió y murió, es decir, por el Reino de Dios. Como consecuencia, la distinción entre la misión y la actividad social no yace en qué es lo que se hace y en la supuesta superioridad espiritual de los primeros sobre los segundos, sino en cómo la misión se lleva a cabo (o sea, a la manera de Jesús en el anonadamiento y la impotencia) y en por qué se hace (o sea, por el bien del reino de Dios).

En resumen, para llevar a cabo la misión, los cristianos deben observar con precisión, juzgar en la verdad y actuar con eficacia. La misión en Asia requiere que conozcamos quiénes son las gentes Asiae en sus contextos socio-políticos y religiosos contemporáneos; que la misión se realice entre ellos (inter gentes) y con ellos (cum gentibus); y que trabajemos juntos para el reino de Dios. Ya que el objetivo y el destino de la misión son el Reino de Dios, la misión no es ni nuestra ni de la Iglesia. Es más bien la misión del Dios trinitario (missio Dei), iniciada por el Padre, actuada por el Hijo y cumplida por el Espíritu, en aras de reconciliar todas las cosas en Dios y compartir la vida eterna de Dios. Toda la humanidad – incluyendo los goyim/ethne/gentes/paganos –está llamada a participar en esta misión, y la Iglesia no es otra cosa que un sacramento de la missio Dei, y nosotros sus siervos inútiles.


Θ Profesor de la Universidad de Georgetown. El presente artículo fue una ponencia presentada en el Seminario Residencial SEDOS (17 al 21 de mayo del 2011).

1 No estoy afirmando que los organizadores del SEDOS 2011 adhieran en todo o en parte a las reflexiones teológicas en materia de misión que expongo y no deben, por lo tanto, ser considerados responsables por ellas. Sugiero simplemente que la expresión missio inter gentes podría dar lugar a la teología de la misión que sigue y por la cual soy el único responsable.

2 Consultar, por ejemplo, la encíclica del Papa Juan Pablo II Redemptoris Missio (1990). El papa se lamenta de la decadencia de las misiones inter gentes y le dedica todo un capítulo de su encíclica (Capítulo IV: “Los vastos horizontes de la Misión Ad Gentes”).

3 No afirmo que ésta sea la manera en que se comportan todos los misioneros en el modelo de la missio ad gentes; en realidad, muchos no lo hacen. Afirmo simplemente que el modelo de missio ad gentes concibe, al menos implícitamente, este tipo de relación entre misioneros y gentes.

4 Entre la plétora de trabajos contemporáneos sobre la misión, los siguientes merecen ser mencionados: David Bosch, La Transformación en la Misión: Cambios de Paradigmas en la Teología de la Misión (Maryknoll, NY: Orbis Books, 1991); J. Andrew Kirk, ¿Qué es la Misión? Exploraciones Teológicas (Minneápolis: Fortress Press, 2000); Stephen B. Bevans y Roger P. Schroeder, Constataciones en Contexto: una Teología de la Misión para Hoy (Maryknoll, NY: Orbis Books, 2004); Stephen Bevans y Roger Schroeder, eds. Misiones para el Siglo Veintiuno (Chicago: CCGM Publications, 2001); Roger Schroeder, ¿Cuál es la misión de la Iglesia? Guía para los Católicos (Maryknoll, NY: Orbis Books, 2008); Wilbert R. Shenk, Cambiando las Fronteras de la Misión (Maryknoll, NY: Orbis Books, 1999); Andrew Walls y Cathy Ross, eds., Misión en el Siglo Veintiuno: Explorando las Cinco Marcas dela Misión Global (Maryknoll, NY: Orbis Books, 2008); Robert J. Schreiter, ed., Misión en el tercer milenio (Maryknoll, NY: Orbis Books, 2001); Francis Anekwe Oboji, Conceptos de la Misión: La Evolución de la Misionología Contemporánea (Maryknoll, NY: Orbis Books, 2006); Dana Robert, Misión Cristiana: Cómo el Cristianismo se convirtió en una Religión Mundial Oxford: Wiley-Blackwell, 2009; Charles E. Van Engen, Darrell Whiteman y J. Dudley Woodberry, eds., Cambios de Paradigmas en el testimonio cristiano: Visiones de Antropología, Comunicaciones y Poder Espiritual (Maryknoll, NY: Orbis Books, 2008); y Rober L. Gallagher y Paul Hertig, eds., Ensayos Prominentes sobre la Misión y la Cristiandad Mundial (Maryknoll, NY: Orbis Books, 2009).

5 Para un estudio de la Cristiandad asiática contemporánea, ver Peter C. Phan, ed., Cristianismos en Asia (Oxford: Wiley-Blackwell, 2010).

6 La presentación SVD de Pio Estepa (“El paisaje de la Misión Asiática del Siglo”), tuvo lugar el primer día del seminario SEDOS, bajo el tema “Observar”.

7 Por el documento de la FCEA, ver los cuatro volúmenes intitulados Para Todas las Personas de Asia (1992, 1997, 2002, y 2007, la primera edición editada por Gaudencio Rosales y G. G. Arévalo, y la última por Franz-Josef Eilers) y publicadas por Publicaciones Claretianas, Quezon City, Filipinas. Consultar también Peter C. Phan, ed., El Sínodo Asiático: Textos y Comentarios (Maryknoll, NY: Orbis Books, 2002).

8 La traducción inglesa se ha tomado de Austin Flannery, ed., Vaticano II: Constituciones, Decretos, Declaraciones (Northport, NY: Costello, 2007). Para una visión global de Teología Católica de Religión, ver Karl J. Becker y Ilana Morali, eds., Compromiso católico con el mundo: un estudio global (Maryknoll, NY: Orbis Books, 2010).

9 Para un reporte del Cristianismo en China, consultar Edmond Tang & Jean-Paul Wiest, eds., La Iglesia Católica en la China moderna (Maryknoll, NY: Orbis Books, 1993); Stephen Uhalley Jr. y Xiaoxin Wu, eds., China y Cristianismo: pasado agobiante, futuro prometedor (Armonk, NY: M.E. Sharpe, 2001); Beatrice Leung & William T. Liu, La Iglesia Católica en conflicto : 1949-2001 (Boca Raton, FL: Universal Publishers, 2004); Jean-Pierre Charbonnier, Cristianos en China A.D. 600-2000, traducción. M. N. L. Couve de Murville (San Francisco: Ignatius Press, 2007); y Philip L. Wickeri, Reconstruyendo el Cristianismo en China: K. H. Ting y la Iglesia China (Maryknoll, NY: Orbis Books, 2007).

10 En referencia a los Evangelistas /Pentecostales en Asia, consultar Allan Anderson y Edmond Tang, eds., Asiáticos y Pentecostales: el rostro carismático de los cristianos en Asia (Oxford: Regnum, 2005) y Wonsuk y Julie C. Ma, eds., La Iglesia Asiática y la misión de Dios (West Caldwell, NJ: MWM, 2003).

11 Consultar Aloysius Pieris, Una teología de la Liberación Asiática - (Maryknoll, NY: Orbis Books, 1988).

12 Sobre la relación entre misión y conversión, consultar Peter C. Phan, En nuestros propios idiomas: perspectivas desde Asia sobre la misión y la inculturización - (Maryknoll, NY: Orbis, 2004), 45-61.

13 No tiene sentido citar aquí trabajos sobre la misión en el Nuevo Testamento, puesto que existen literalmente legiones de ellos. Se puede consultar un largo y sólido trabajo, conteniendo dos volúmenes, con un total de 3000 páginas (un buen número de ellos con letra muy pequeña!): Eckhard J. Schnanel, La Misión de los primeros cristianos vol. 1 Jesús y los Doce y vol. 2 Pablo y la primeras Iglesias - - (Downers Grove, IL: InterVarsity Press, 2004).

14 Con respecto a la reconciliación como parte de la misión, se pueden consultar los numerosos trabajos de Robert Schreiter. Ver también, Peter C. Phan, “Construyendo la Paz y la Reconciliación: Diálogo Interreligioso y Espiritualidad Católica”. Construyendo la paz: Teología, Ética y Praxis Católicas- ed. Robert J. Schreiter, R. Scott Applyby y Gerard Powers. Maryknoll, N.Y.: Orbis, 2010, 332-365.

15 En este contexto es de vital importancia, incluso una cuestión de pura justicia y de exactitud histórica reconocer el importante rol de las mujeres, laicas y religiosas, en la misión. En esto, se puede consultar el trabajo pionero de Dana Robert.

16 Con respecto a la relación entre proclamación y misión, consultar Peter C. Phan, En nuestros propios idiomas, 32-44.

17 En cuanto al concepto de misionero como huésped, ver los escritos perspicaces de Anthony Gittins.

18 Con respecto a los símbolos del Reino de Dios en la misión, consultar Peter C. Phan, “Cristianismo con un rostro asiático”(Maryknoll, NY: Orbis Books, 2003), 75-97.

 

 

 

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